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 No... no eres un monstruo.

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Adrià



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Fecha de inscripción : 23/05/2007

MensajeTema: No... no eres un monstruo.   Lun Dic 03, 2007 3:06 pm

Hace 4 meses

Harkan deambula por una de las calles de la ciudad de Dhargen Central. Las estrellas iluminan el cielo, con la luna llena en su plenitud, dando una tenue y agradable luz al lugar. Una brisa de viento arrastra un poco de polvo, que se eleva en el aire, haciendo ondular la melenar dorada del pumonquil. La mano humana se interpone entre el polvo y sus ojos, aunque el ojo que posee una cicatriz, recuerdo de una pelea antigua, es cerrado como medida de protección.

El hombre mueve su cabeza, sacudiendose el polvo, aunque el pequeño chillido de Cascabel, la gineta que siempre acompaña a Harkan, muestra su disconformidad cuando es medio apartada del hombro de su amigo.

- Tranquila, pequeña... solo es viento - dice, girando su rostro al tiempo que sus dedos acarician la espalda del roedor, el cual se estira cuan larga es, enrollando la cola en el cuello de Harkan y roza la mejilla con su naricilla húmeda.

Harkan suelta una pequeña risa antes de empezar a andar de nuevo, dando largas zancadas por las calles vacías.

Un sonido metálico se sucede en la casa por la que pasaba al lado, seguido del llanto de un bebé.

- Oh, no... - murmura el hombre, hechando a correr y alejandose de ese llanto... pero no le da tiempo. Sangre. Huele sangre.

Harkan se pone a 4 patas, asumiendo la forma de un poderoso puma antes de girar sobre sí. Cascabel es despedida del cuello del hombre, el puma mejor dicho, el cual corre hacia el llanto. Hacia la sangre.

Con una astucia sobrehumana y una agilidad felina, Harkan da un salto, el cual produce un sonido de cristales rotos cuando la ventana es atravesada por noventa y cinco quilogramos de pura fibra. Pedazos de cristal desgarran la piel del puma, tiñendo de rojo el ocre que cubría el cuerpo del monstruo.

Un cuchillo en el suelo desvelaba el error de una madre que estaba cocinando con su bebé gateando en el suelo. Este se había desviado y, por suerte, no había impactado en la cabeza del bebé, sino tan solo desgarrado parte de la fina piel de la niña pelirroja de ojos azules como el cielo en un dia de verano. Naila, la madre, intentaba calmar a la pequeña Esperanza, que lloraba por esa primera herida en su inmaculada piel, balanceandola en sus brazos.

Naila quedó horrorizada al ver a la pesadilla andante adentrarse en su casa, sin saber como reaccionar al instante inicial. Y al instante siguiente ya fue demasiado tarde.

Harkan se tensó cuando tocó el suelo, dando al instante un segundo salto hacia la pareja, haciendo caer a ambas al suelo. Esperanza salió despedida, llorando más fuerte aún por los ronroneos inhumanos de la bestia, rugidos que llenaban el rostro de Naila de una blanca espuma.

El puma dejó a la madre de lado, preparandose para avalanzarse sobre la pequeña Esperanza. Pero Naila, con el valor de una madre que ve la muerte de su hija encima suyo, golpeó a Harkan, desviandole con una fuerza inusitada para alguien que no está en situación de vida o muerte. Para cuando Harkan se giró, Naila ya sostenía el cuchillo que goteaba sangre de esperanza entre sus manos. Apenas 10 segundos habían transcurrido desde la irrupción del puma en la casa.

Harkan volteó a la madre, la cual ganó un tiempo precioso para que su marido corriera hacia la fuente de esos ruidos. La cual perdió un tiempo precioso cuando observó a su marido entrar en la cocina.

Dario, el marido de Naila, el padre de Esperanza, vió como el cuello que tantas veces había besado, la garganta que había hecho salir por los labios de su esposa tantas veces ese "te quiero" que le daba fuerzas para emprender un nuevo dia o que servía de recompensa después de una jornada de duro trabajo, era desgarrado bajo un potente mordisco de Harkan. El grito de absoluta desesperación, seguido por el aumento del llanto de Esperanza alertó las casas contiguas de que algo extremadamente grave ocurria al lado.

Darió, completamente ido, cogió un palo y se abalanzó sobre el puma, golpeando con la precisión y la fuerza de quien pasa todos los dias arando la tierra... pero sin contar en que un puma con mente humana no es tierra. Harkan se hizo a un lado de un veloz salto y en un segundo desgarró el rostro de Dario con sus fauces, haciendo caer al campesino al suelo.

Los gritos de dolor llenaron la sala... un corto instante. Un segundo mordisco hizo que Dario se reencontrara con su esposa en el mas allá.

Harkan desestimó los dos muertos y se acerco agilmente hacia Esperanza. Luego, veloz, se giró con la bebe en sus fauces y echó a correr. Cuando el saltaba por la ventana hacia afuera, el vecino se adentraba por la puerta. Nunca vió al puma alejarse corriendo, puesto que se quedó inmovil, observando la masacre con los ojos vidriosos por las lágrimas de incredulidad.

Nadie vió como el puma se alejaba como una fiera. Ni a la gineta corriendo detrás de él. Parecía, casi, como si el animal llorara por los actos de su amigo del alma.

La veloz carrera del puma, acompañada por los llantos de Esperanza, lo guiaron bosque adentro, hasta que se detuvo en un claro, dejando caer a la bebé en el suelo.

Las fauces, con la espuma de la rabia goteando por entre los dientes, se abrieron, se acercaron a la cabeza de la niña... un horripilante sonido del hueso romperse inundó el claro cuando los llantos cesaron. Toda la carne de Esperanza fue devorada, todos los huesos rotos por los poderosos dientes, toda la sangre lamida. En menos de 10 minutos la esperanza se había ido.

Una vez la niña fue muerta, Harkan recobró la conciencia... y los restos del pequeño vestidito unidos a los recuerdos de antes de olor a sangre le hicieron cobrar conciencia. Horrorizado, retrocedió, asumiendo su forma humana. Las lagrimas inundaron su rostro mientras su espalda tocaba contra el tronco de un arbol y, luego, caía hasta quedar sentado en el suelo.

- Soy... soy un monstruo

********************************************************************

Dos días más tarde, Harkan aún permanecía en la misma posición. Ni se había dado cuenta de que Cascabel se encontraba sobre su cabeza. Si que se dió cuenta, sin embargo, de que la lluvia empezó a mojarlo. Se dió cuenta de que un rayo caía cerca.

Harkan asumió su forma pumonkil, alzandose y observando el cielo.

- Pajaro de Trueno, escucha la suplica de tu servidor!! Juzgame!!

Una serie de Relampagos se sucedieron, seguidos de un estrepitoso trueno. Un pajaro de titánicas proporciones, un pajaro hecho por relampagos, descendió de los cielos.

- Que has hecho, hijo mío? - pregunto Pajaro de Trueno, con una voz que destilaba edad y poder. El pelo del pumonquil estaba erizado por la electricidad que llenaba el aire.

- He matado a un bebé... no pude controlarme. Soy un monstruo.

- Tan solo actuaste tal y como yo deseé que actuarais los vuestros. No podeis convivir con los humanos, puesto que la existencia de muchos de los vuestros podría hacer que la raza de los hombres, más debil, sucumbiera ante vuestro orgullo. Eres lo que yo quería que fueras.

Harkan quedó en silencio.

- Estás arrepentido por lo que hiciste... y se que quieres enmendar tu culpa. Por eso, te juzgaré tal y como deseas.

Pajaró de trueno abrió su antinatural boca, lanzando un relampago que impactó en Harkan y lo dejó inconsciente.

*********************************************************************

Cuatro meses después, Harkan se levantó. La hierba lo había cubierto. En seguida notó la presencia de Cascabel en su hombro. Y en seguida oyó en su mente las palabras de Pajaro de Trueno.

- Te doy el don de la larga vida. A partir de ahora no envejecerás. De hecho, no necesitarás comer, ni enfermarás. Tan solo en la batalla podrás morir, por culpa del filo de un arma... como los elfos. A partir de ahora, permaneceras siempre en la forma de los Pumonquil. Así te librarás de sucumbir a tu bestia en cuanto notes el olor de la sangre. Por tu honor, te juzgo. Tu penitencia será proteger a la gente de Dhargen. Usa la armadura y las armas que te doy. Protege, hasta que mueras en combate, a los humanos del reino. Dales a ellos la protección, devuélveles la Esperanza que les arrebataste. No eres un monstruo.

Harkan asentió sencillamente y se giró, andando hacia la capital de Dhargen.

- Vamos, Cascabel... tenemos una penitencia que purgar.

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