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 Antiguos Escritos de la Oscuridad, en la Luz

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Yaime

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MensajeTema: Antiguos Escritos de la Oscuridad, en la Luz   Vie Jul 11, 2008 4:21 pm

La Luna llena brillaba en el firmamento, sus palidos rayos bañaban la estancia, una delicada brisa corrió las cortinas, que rodeaban la cama, suavemente, una figura agil, esbelta de rubios cabellos y rostro angelical descansaba, su respiración era acompasada, mientras su mente cada vez mas caia en un profundo y extraño sueño.
Una hermosa dama se acercaba a ella, que se hallaba en el salón del trono, con andar elegante y distinguido, tras hacerle una reverencia como correspondía, la extraña le ofreció la mano en silencio.
La princesa la tomó notando el tacto glacial que recorrió sus venas hasta que le dolieron los latidos de su propio corazón.
- Acompañadme, Alteza, quiero mostraros algo… - La mujer de pelo azabache tiro suavemente de la mano de la joven, que aun sentía el helor en su sangre.
El paisaje cambio alrededor de ambas de repente, ahora se hallaban en un raro jardín de delicadas flores de excepcionales colores. En el centro se veía un estanque de aguas oscuras y rojas, densas.
La Infanta aun sujeta de la mano de la insólita mujer, con la misma confianza que una niña, se sentía tranquila en ese extraordinario lugar, incluso el frió había desaparecido. Se detuvo de golpe, recordando algo o puede que mas que eso… presintiéndolo.
- Disculpadme señora, - su voz era de una extraña dulzura, casi ingenua. – Hace rato que noto algo anómalo en este paraje aunque no sé el que.
- ¡Oh! Este es mi jardín. Vengo aquí cuando deseo un poco de paz o tranquilidad. Lo saben hasta los animales que guardan silencio al verme.
Eso era, la total ausencia de sonidos, no solo los pájaros no cantaban sino que el mismo aire parecía evitar susurrar entre los árboles. Pero era algo más… algo extraño, una sensación de premonición.
La mujer le indico que se sentara, mientras ella hacia lo propio en un banco que se hallaba cubierto de delicadas telas de Damasco.
- No os diré mi nombre, porque no pertenezco a vuestro pueblo y en estos momentos no significa nada…. Por ahora.
La Princesa la miro sorprendida sin comprender.
- Vereis, alteza, he escogido vuestra tierra para poblarla con una nueva especie, que vos encabezareis. La estirpe más poderosa que podáis imaginar.
La Infanta se levanto y retrocedió sin mirar donde pisaba, observando fijamente a la mujer que había sufrido cambios radicales aunque de una forma tan sutil que no lo había percibido. Sus cabellos ahora eran blancos como la nieve, sus ojos de un azul palido ahora eran dos rubíes que chispeaban con un fuego interior, de su delicada y perfecta boca surgían dos colmillos afilados y amenazantes.
- Mi pueblo nunca seguirá a un monstruo… - la muchacha intento que su voz sonara firme, resuelta, aun así temblaba completamente.
- Os he elegido, Princesa – ahora el titulo sonaba mas a suave burla que a respeto – y no tenéis opción.
La aberración en que se habia convertido la mujer avanzó hacia la joven. Su vestido color canela ahora eran girones de vaporosa seda que apenas cubría la belleza inhumana de la enemiga.
La Princesa palideció retrocediendo sin mirar… sus pasos fueron rapidos pero había olvidado el estanque, al cual cayo, quedando completamente cubierta por el agua roja…. Un agua que tenía un sabor raro, acerado, salado… y mucho mas denso. La razón de la muchacha casi se nublo cuando se dio cuenta que estaba en un lago de sangre. Se incorporó sentada con un grito de espanto, al levantar la cabeza vio como su atacante se abalanzaba sobre ella. Consiguió esquivarla y acabar de levantarse dispuesta a vender cara su vida, en sus oídos y mente retumbó una frase proveniente del engendro.
- Llámame Diosa.
Aunque la doncella no sabía luchar aguanto varios envites de la autoproclamada “Diosa”, hasta que esta se detuvo, sonrió con frialdad extrema, mostrando aun mas sus colmillos, dos amenazantes armas.
- Para ser princesa tenéis coraje. – Sonrió con malicia. - Creo que acabáis de elegir vuestra “casta”
La Diosa sin esperar mas se abalanzó con rapidez sobre ella, que intento defenderse, pero esta vez no consiguió nada.
- Seras mi guerrera, - susurro en su oido… justo antes de notar los colmillos de la Diosa en su cuello… - y tengo una misión para ti….
La Princesa sintió como su piel era atravesada y en el momento que emitía un grito de dolor y rabia. Todo quedo oscuro.
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