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 Indrah Valtaresse

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Indrah_Valtaresse

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Fecha de inscripción : 28/08/2008

MensajeTema: Indrah Valtaresse   Vie Ago 29, 2008 8:54 am

Nombre completo y apodos: Indrah Valtaresse ~ La Rosa Escarlata

Raza: Elfa.

Edad: Cien años.

Profesión: Espadachina a sueldo, mercenaria, pocas veces repara en los medios con tal de conseguir sus fines.

Lugar de nacimiento: Lurendë.

Religión:

De pequeña la enseñaron a adorar a la Diosa del Mar, cosa que nunca se tomó muy en serio, ya que su vida y avatares le dejaron poco espacio para una fé sólida y arraigada.

Alineamiento:

Actúa en su beneficio, y en el de aquellos que le importan. Sus actos suele dictarlos su corazón más que su cabeza pues es impulsiva y muy visceral.

Descripción física:De cuerpo menudo y delgado esta elfa de cabello negro y rasgados ojos violetas posee una gracia felina difícil de igualar. Sus movimientos, siempre muy sinuosos, le confieren una especial elegancia al moverse, gracias quizá a la etérea agilidad innata que todo elfo posee. De facciones suaves y tez pálida, sus pómulos son altos y redondeados como lo es su barbilla. Al sonreír, un tesoro que ensalza su particular encanto, dos deliciosos hoyuelos secundan a unos labios carnosos y rojizos que resalta peculiarmente sobre esa nívea piel. Lleva el cabello liso y muy largo, por debajo de sus caderas, y suele sujetárselo con trenzas, o llevarlo suelto según le convenga. De su inseparable compañero de andanzas Brisa Gélida, tomó entre otras costumbres la de trenzarse el cabello con hilos de oro o plata, siendo esta una seña identificativa de ambos.

Mide aproximadamente 1.70 y sus formas son voluptuosas, de cintura estrecha, caderas redondas y un pecho bien moldeado. Su complexión es frágil a la vista, aunque al tacto su cuerpo es fibroso y muy elástico por su continua práctica de la esgrima.

Equipo y atuendo:


La bolsa debe usarse para comer, y lo poco o mucho que tiene lo emplea en mantener perfectas sus armas, alojarse en posadas que tengan menos cucarachas que la media y el colchón con menos chinches de lo habitual. También le gusta el buen comer y no le hace ascos a suculentas comidas cuando un trabajo ha sido bien pagado. Por ello sus ropas suelen ser sencillas, siempre limpias, consistiendo en una camisola de lino blanco, que le llega hasta la mitad del antebrazo, unos pantalones de paño negros ajustados y un jubón de color vino siempre ceñido a su delgado cuerpo por un cinturón ancho y negro del cual cuelgan sus armas: dos filos élficos, uno fino y otro ligero, los cuales maneja con mortal precisión.
Calza siempre botas altas de cuero blando, y enfunda sus manos en guantes del mismo material que tiene la manía de ajustar hasta la saciedad.
Su capa negra por un lado y color vino por el otro la usa a conveniencia, usando el tono rojizo para la gala y el negro para el embozo siendo una pieza muy útil de su vestuario.

Personalidad:


Vive para su venganza, pero no ha dejado aún que la sed se apodere de ella. Es justa cuando debe y buena cuando quiere, pero igualmente puede ser muy rencorosa. Su honor se basa en castigar al que daña, y su libertad termina donde coarta la de otro. Es algo hosca al principio en el trato, según como prejuzgue a la persona (manía que tiene bien arraigada) pero cuando se la conoce muestra una cara bien distinta a la habitual.

Relaciones y contactos:


Se mueve bien en su mundillo, la calle, sobre todo en las zonas costeras. En algunas zonas es reconocida su espada y su nombre suena, y ella se encarga de que así sea. Sin embargo, su esmerada preparación por parte de Brisa Gélida la hacen que sea una artista no solo de la lucha sino también de artes más sutiles como el engaño y el timo, pudiendo hacerse pasar sin ningún tipo de problemas por una damisela en desgracia cuando las pintan demasiado mal y por eso mil veces ha usado otros nombres. Es parte de su encanto, es tan cambiante y camaleónica que ningún día es igual que el anterior. Es una superviviente nata, sin ninguna duda.

Para el mundillo, es la hermana/acompañante del Capitán Brisa Gélida, y se la respeta u odia como tal. Algunas leyendas sobre ella cuentan que es capaz de beber como un hombre, y que una vez, tumbó a un enano en una competencia de resistencia.

Su inseparable acompañante es un halcón plateado al que llama simplemente Capitán, y que al acecho cuida siempre de su dueña con un celo especial que sólo ellos dos entienden.

Habilidades Especiales:

Adiestrada por el polifacético Brisa Gélida ha adquirido sus conocimientos y habilidades. Eso, unido a una predisposición natural hacia la destreza y la agilidad la hicieron una buena alumna:

Excelente espadachina con un manejo experto de sus dos armas. Muy peligrosa en el cuerpo a cuerpo pues es terriblemente ágil y rápida.

Como todo elfo la magia es algo inherente en ella. Sin embargo, no es muy dada a utilizarla salvo en los casos que sea absolutamente imprescindible. Son hechizos cotidianos, alguno quizás de mayor poder, pero desde luego no es ninguna poderosa hechicera.

Tiene una voz muy hermosa, hechizante a juicio de muchos, y un talento natural para la música y el canto. Sin embargo, jamás cantará en público y nadie sabe de ese don que ella guarda celosamente para sí.


Citas célebres:


“Nunca hay una segunda oportunidad para dar una primera impresión”

“Si vuelves a tocarme el culo… te mato”



Última edición por Indrah_Valtaresse el Sáb Sep 13, 2008 5:51 pm, editado 4 veces
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Indrah_Valtaresse

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MensajeTema: Re: Indrah Valtaresse   Vie Ago 29, 2008 8:57 am

Historia:

La brisa mecía los restos de lo q hasta hacía apenas unas horas había sido uno de los más prestigiosos barcos mercantes del comercio de Lurendë. Restos de toneles, tablones, velas e incluso parte de las valiosísimas telas y otros elementos q portaba se diseminaban ahora sobre las límpidas aguas plateadas por el pálido reflejo de la luna. La pequeña Indrah tragó saliva mientras alzaba su pequeña nariz por encima del ventanuco, poniéndose de puntillas sobre una pila de cajas. En un rincón envueltos en un raído trozo de tela los dos gemelos dormían plácidamente, ajenos a todo lo q ocurría. Ellos no habían presenciado la devastación del ataque pirata, tampoco habían visto como su padre había sido degollado en mitad del puente, ni como su madre había sido llevada entre un mar de gritos a una habitación del barco de la q nunca llegó a salir. Ellos sólo habían estado lloriqueando en los brazos de una pequeña Indrah q apenas contaba con lo que equivaldría para los humanos unos ocho años, escondida tras unos toneles de munición desde donde pudo observarlo todo hasta que uno de los piratas con la cara llena de cicatrices y un enorme tatuaje en su brazo izquierdo la descubrió y los había encerrado en aquella bodega. Aquel día fue el fin de una etapa de la vida de la pequeña elfa de ojos violetas y blanquísima piel nacarada q unos meses después sin apenas comprender nada, fue vendida en un mercado ilegal de esclavos de una remota ciudad costera.

Por suerte para ella en aquel tiempo pasó por la ciudad un acaudalado lugarteniente, retirado del ejército años atrás, cuya apacible vida de retiro junto a su mujer había sido truncada por la desgracia. Hacía apenas un año q una grave enfermedad respiratoria se había llevado a su única hija, una pequeña de 8 años, y su mujer sin poder recobrarse del dolor falleció pocos meses después. Paseando por el mercado observó en la subasta una de las jaulas. En ella había una pequeña… de ojos violetas… enigmáticos que le miró fijamente. No supo nunca por qué pero el caso es q le sonrió y la pequeña le obsequió a él también con una deslumbrante sonrisa en su carita sucia en la que aún se adivinaban algunos restos de lágrimas que no hacía mucho la habían surcado, camuflando parte de los golpes q en ella había. Se acercó a la jaula y trató de hablar con ella pero el esclavista se acercó presto al momento con una aduladora sonrisa en su rostro.

_ Caballero caballero… veo q admira mi mercancía con buenos ojos… ¿podría ofrecerle algo de su gusto? ¿Quizá un fornido mozo para las tareas del campo? ¿ o una linda muchachita de exuberantes curvas y morena piel del sur…? _ comentó golpeando los barrotes de una jaula cercana con su bastón provocando un desagradable sonido. La joven de voluptuosas formas que estaba en ella le miro con el odio marcado en sus oscurísimos ojos, mas no dijo nada.

El caballero torció el gesto con desagrado deseando alejarse de aquel lugar cuanto antes, sin embargo, sus ojos se tropezaron de nuevo con los de la pequeña que le miraron llenos de súplica. Sintió un nudo en el estómago y se volvió hacia el comerciante de esclavos:



_¿Cuanto por la niña? _ preguntó con voz grave y recia.

El esclavista se frotó las manos y sonrió perverso.

_Ah bien, bien… os gustan jovencitas… Esta tiene un precio especial… _ sonrió mientras introducía la mano bruscamente dentro de la jaula y la agarraba por los negros cabellos tirando de ellos para que se acercara. La niña gritó y lloriqueó… mientras el esclavista mostraba sus orejas puntiagudas. _Es una elfa… bastante fierecilla eso si… pero seguro que encantadora y complaciente cuando se la eduque…. _ La sonrisa desdentada y podrida del tratante se abrió ante los ojos del caballero q enseguida protestó ante tal brutalidad_ Serían… unas…. No se digamos… 1000 monedas de oro.

_¿¿Me toma el pelo?? 1000 monedas de oro… Debéis estar loco…

El mercader soltó a la niña arrojándola con brusquedad contra los barrotes del lado contrario y ella ahogó un gemido pero no volvió a llorar. El hombre la miró con aprensión.

_ ¿No lo pagáis? Bien no importa… porque ya la tengo apalabrada con aquel caballero… _señaló a un rudo hombre de barbas pelirrojas y recio aspecto con una fusta en su mano derecha que hablaba con grandes aspavientos con un par de hombre de bastante mal aspecto. Tras el… dos hombres, esclavos suyos por su actitud, mal vestidos y delgados aguardan llevando sus compras_. El señor se lleva un lote de tres esclavos por una muy importante suma… su generosidad será bien recompensada y él se ha encaprichado de la mocosa… Buen día señor…_Se gira con una malévola sonrisa en su taimado rostro.

_Espere… le daré 700 monedas… en mano… _ dice de repente el caballero echando mano de su bolsa sin saber realmente porque estaba haciendo aquello. Quizás fuera por pena… o quizás pq aquella niña de brillantes cabellos negros le recordaba demasiado a su adorada Irinah.

El comerciante se frotó las manos encantado.

_ 800 y se la lleva… _ regaetea.

_ Bien 800…

La niña miró al caballero con los ojos muy abiertos. Sus ojos son de color ámbar y sus cabellos castaños. No es joven, pero tampoco parece viejo. El comerciante abre la jaula y tira de su brazo con fuerza sacándola de allí y dejándola caer de bruces ante el caballero. Este separa una parte de las monedas y le arroja la bolsa al mercader que las cuenta con avaricia. El caballero hinca una rodilla en el suelo y levanta a la niña.

_Hola pequeña… ¿estáis bien?

_Irién… _solloza señalando otra jaula _ Ithandur e Irién… Ithandur e Irién…

El caballero seca sus lágrimas con su impoluto pañuelo blanco y mira hacia las jaulas q ella señala. En una apartada, una matrona de avanzada edad tiene en su regazo dos niños. Claramente no son hijos suyos… puesto q las orejitas en punta de los pequeños delatan su raza.

_Ithandur e Irién… _repite ella sollozando_ Hermanos… míos… míos… Ithandur e Irién…

El caballero se mordió el labio inferior ante esta nueva sorpresa y carraspeó ligeramente sin saber q hacer. Aún no sabía muy bien por q se había metido en el lío de comprar a aquella enigmática niña, cuanto más ahora cargar con los dos bebés q eran sus hermanos. Ella se agarró de su manga con sus sucias manitas.

_ Ithandur e Irién… cómpralos… por favor… por favor… hermanos míos… _ parecía q buscara las palabras en ese idioma que tan poco estaba acostumbrada a usar.

El regateo fue duro de nuevo… y por una elevada suma… al final el caballero de ojos ámbar se llevó a la pequeña Indrah y sus dos hermanos a la preciosa casa que poseía lejos de aquel lugar. Una mansión situada en la costa en un tranquilo asentamiento. Su viaje para encontrarse a sí mismo había terminado y su cordura había vuelto con la llegada de aquellos niños.
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Indrah_Valtaresse

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MensajeTema: Re: Indrah Valtaresse   Vie Ago 29, 2008 8:58 am

La vida transcurrió feliz por aquellos años. Pronto Sir Ian comprendió la suerte q había tenido al incorporar a su vida a los tres pequeños, y, sobre todo a Indrah, q siempre fue su favorita, su hija reencontrada. Esta hacía las delicias su padre adoptivo con cada uno de sus progresos con sus tutores en las diversas disciplinas que cursaba. Pero para su asombro, donde más soltura y destreza demostraba era sin duda en sus clases de esgrima, que para ella eran su lección favorita y aguardaba con ansia. La vida transcurría feliz, disfrutando de la niñez de sus nuevos hijos q parecían ser niños eternamente debido al lento desarrollo de su raza comparada con la humana.

Sin embargo, y como ha de suceder, la felicidad no dura siempre y la mortal vida de Sir Ian, fue truncada violentamente pocos años después. Indrah observó impotente como su vida volvía a desmoronarse en pedazos. Un barco pirata cayó sobre la tranquila mansión una noche, saqueándola y reduciéndola a cenizas mientras el servicio era asesinado a sangre fría. Sir Ian escondió a la pequeña Indrah y sus hermanos en un armario tras un tapiz y se despidió besándoles la frente.

_ Sé fuerte _ le dijo _ Si no he vuelto cuando el reloj haya hecho un cuarto, - señaló con la empuñadura de su espada el gran reloj de la sala_ Iros por el pasadizo a la playa.

_ Pero padre… ¿y vos? _ sollozó la pequeña reacia a dejarle marchar, escondiendo su cara en su pecho. _ Vayámonos todos y ahora… Vayámonos de aquí por favor.

El hombre le acarició los negros cabellos y negó con la cabeza.

_ Si no defendiera lo que es nuestro, no sería digno de volver a miraros a ninguno a la cara mi niña. Hay cosas que un hombre debe hacer. Tú eres muy fuerte y muy valiente… _ le secó las lágrimas con sus dedos y volvió a besarla en la frente. _ Recuérdalo siempre cariño, lucha siempre por lo que creas y nunca… nunca tengas miedo.

Entonces el caballero se fue, chocando sonoramente su espada con alguien al salir de la habitación. Los gritos eran terribles, el olor a humo cada vez más denso e Indrah supo que debían salir de allí o de lo contrario perecerían. Ithandur e Irién la miraban, con los ojos encharcados y ella no sabía qué hacer salvo abrazarles. El reloj dio un cuarto y fuera el tumulto parecía haberse acallado. Armándose de valor Indrah tomó a los gemelos de la mano y con cuidado oteó fuera de la sala. El humo llenaba el pasillo y corriendo, bajaron hacia las escaleras, intentando buscar la cocina y el pasadizo que bajo esta llevaba a la playa. Lo que les esperaba en el interior de la estancia era algo dantesco. Edna, la siempre amable cocinera, yacía ensartada en uno de sus propios cuchillos para trinchar la carne, su cuerpo con las ropas desgarradas y posado boca abajo sobre los fogones. Y encima de la mesa, un hombre sucio y de aspecto desarrapado estaba forcejeando con Lucille, una de las criadas más jóvenes que lloraba y gritaba intentando quitárselo de encima. Indrah retrocedió, y los gemelos hicieron ademán de ponerse a llorar. Les tapó la boca y haciéndoles un gesto para que se callaran señaló la trampilla.

_ Cuando yo distraiga a ese hombre, entrad corriendo e iros por ahí, ¿de acuerdo? Corred hacia la playa y esperadme allí escondidos. Yo iré pronto.

Irién negó metiéndose un puño en la boca para acallar sus sollozos, pero Ithandur la cogió de la mano y tiró de ella asintiendo. Indrah les sonrió dándoles un beso a cada uno y muy sigilosamente tomó uno de los largos cuchillos de carne avanzando hacia el tipo que les daba la espalda. Al otro lado de la mesa, estaba la trampilla. Lucille seguía gritando y la muchacha aprovechó para con las manos temblorosas hundir el afilado cuchillo en la base de la espalda del bandido. Éste se incorporó con un aullido, retorciéndose y luego cayó a un lado mientras Lucille se arreglaba las ropas de prisa observando a los niños.

_ Señorita… ¡salgan de aquí! Vamos.. rápido…

Indrah miraba sus manos cubiertas de sangre, sin poder creer lo que había hecho. Temblaba como una hoja y notó como Lucille la empujaba hacia la trampilla. Sin embargo, y cuando estaba a punto de alcanzarla algo la tomó por la espalda tirando de su holgada camisa para dormir. Intentó soltarse y tiró hacia delante, cayendo al suelo de bruces, y al girarse observó a dos nuevos bandidos que habían irrumpido en la estancia. Intentó escapar, mientras Lucille les lanzaba una gran olla de cobre a la cabeza, pero ellos la agarraron sin esfuerzo, insultándola con palabras que la joven elfa jamás había escuchado. Miró a su alrededor, sin saber muy bien si los gemelos habrían logrado escapar y cuando lo hizo su corazón se heló por completo. Un tercer asaltante, con ropa bastante más costosa y dos grandes aretes de oro en sus orejas entró, empuñando la espada de su padre tomando a Lucille por los cabellos y retorciéndoselos.

_ ¡¡NOOOO!! _ gimió mientras trataba de llegar a él, dispuesta a matarle con sus propias manos si fuera eso posible. El filo ensangrentado del arma atravesó el cuerpo de Lucille que cayó de rodillas a los pies de los tres hombres, llevándose las manos al abdómen.

_ Sujetad a esa mocosa, es valiosa… Nos la pagarán bien… _dijo sin inmutarse, mientras Indrah sentía que unas manos rudas la tomaban sin esfuerzo. Sus pies descalzos se levantaron del suelo, y aunque ella luchó, dejando parte de sus ropas en aquellas manos ásperas y malolientes, nada pudo hacer. De pronto, sintió un agudo dolor en su rostro mareándose y a continuación otro fuerte golpe que la hizo perder el conocimiento.

Cuando despertó era como si una terrible pesadilla hubiera vuelto a ella. Se encontraba en una jaula, de nuevo, con los restos de su ropa de dormir apenas cubriendo su cuerpo y la mitad derecha de su rostro empapada en sangre coagulada que hacía que sus negros cabellos se quedaran pegados a su mejilla. Le dolía la cabeza, y se mareaba, notando que estaba en un barco por el balanceo que revolvía su estómago. A duras penas intentó incorporarse y mirar a su alrededor, pero la oscuridad era total y el ambiente agobiante. Volvió a caer en la inconsciencia y ese estado de sopor duró varios días o lo que ella creyó como tales, en los que apenas probó bocado de la exigua comida que le dejaban.

Al cabo de lo que ella creyó una eternidad la desembarcaron por fin, en el mismo lugar donde años antes Sir Ian parecía haber salvado su vida. Los ojos se le llenaron de lágrimas y se aferró a los barrotes con desesperación. Ya no era tan niña, aunque su cuerpo lo pareciera, y comprendía demasiado bien lo que podía ocurrirle ahora. Además no sabía nada de sus hermanos, ni si estaban vivos o muertos y aquella noche habían podido escapar. La incertidumbre era atroz y estaba tan débil que apenas podía pensar con coherencia. El sol abrasador le hacía daño en los ojos y en su pálida piel y ella no era más que un guiñapo en el fondo de aquella jaula, intentando ser invisible.

Una voz la sacó de su letargo y al hizo reaccionar a medias. Y cuando abrió los ojos creyó estar ante una visión. Un elfo de cabellos plateados y la mirada más hermosa que pudo imaginar la observaba a través de los barrotes. Su expresión era grave, mirando la jaula con algo que podría describirse como ira, pero que él disimulaba bien bajo una sonrisa torcida. Intentó incorporarse, pero su mano apenas acertó a tomar el barrote y cayó de nuevo al suelo. Gateó en la jaula y tendió su mano delgada y sucia a través de los barrotes hacia él:

_ Ayúdame por favor… _ sollozó siendo la primera vez en muchos años que veía a alguien de su raza. _ Sácame de aquí…

Sus dedos se encogieron un poco, y de nuevo todo le dio vueltas. La vista se le borraba y vio alejarse y emborronarse la figura del elfo que se había acercado a la jaula y parecía estar preguntándole algo. No le entendió, quería abrir los ojos pero no podía hacerlo.

Lo siguiente que recuerda es haberse despertado en aquella posada, con ropa de cama limpia y un paño húmedo limpiando las heridas de su rostro. Abrió los ojos, y vio de nuevo aquel rostro que recordaba borrosamente. ¿Era un sueño? ¿O de verdad estaba allí?

_ Eh renacuaja… Menudo susto nos has dado. Pensamos que no lo contabas… _ su sonrisa era afable, hermosa y ella parpadeó sin saber que contestar._ Vas a tener que contarme muchas cosas me parece, así que lo mejor será que comas y recuperes fuerzas porque pardiez, no he malgastado los cuartos para que te mueras ahora de una corriente.

Hablaba con mucha jovialidad aunque en el fondo se le notaba preocupado por ella. Indrah sube las ropas hasta su cuello sonrojándose y evitando mirarle tan fijamente como lo estaba haciendo.

_ Si no te lo comes tú lo haré yo, y créeme que no te conviene… _ la volvió a instar, recogiendo en la cuchara un poco de sopa y acercándosela a los labios. _ Y como le digas a alguien que yo te he dado de comer… _ hace un teatral gesto de cercenarle la cabeza, pero una vez más su radiante sonrisa desmiente que pudiera ir en serio.

Abrió los labios resecos y se inclinó hacia la cuchara, pero a medio camino refunfuñó:

_ Yo... puedo sola _ y le tendió las manos cuyas muñecas estaban aún desolladas por los grilletes.

Él se sorprendió agradablemente y dejándole el cuenco en las manos se sentó de nuevo sobre un lateral de la cama, dejando la pierna izquierda doblada bajo su cuerpo y la derecha estirada con la rodilla haciendo un ángulo de 90 grados donde apoyaba su codo relajadamente.

_ Así me gusta… Una chica valiente… Dime ¿cómo te llamas? Al menos quiero saber el nombre de la que ha dejado mermadas las provisiones de mujeres para el Capitán durante los próximos tres meses… _ bromeó acariciándose una trenza albina con sus dedos. Viendo su silencio mientras engullía la sopa con el pan decidió tomar la iniciativa_ Yo soy Brisa Gélida , para servirla damita…

_ No foy ninf…guna damita... _ protestó de nuevo arrugando la nariz y hablando con la boca ocupada por un trozo de pan.

_ ¿Prefieres que te siga llamando renacuaja entonces? _ bromeó él francamente divertido._ Porque es lo que pienso hacer hasta que no me digas tu nombre. _ Él se cruzó de brazos, y se acicaló una trenza con los dedos, coqueto. Ella observó de qué hermosa manera sus cabellos estaban entretejidos con hilos de plata.

_ Indrah… _ musitó y se llevó otra cucharada a la boca mientras él asentía complacido. La dejó comer con tranquilidad, y después de eso siguió con sus preguntas, interesándose por su pasado y presente… Por su familia en Lurendë, por Sir Ian y sus hermanos, frunciendo un poco los labios al saber de la existencia de estos. “Algún día los encontraremos” le prometió, y esa fue una de las tantas promesas que desde ese día compartieron juntos.

Brisa le enseñó todo lo que necesitaba para sobrevivir. Sus trucos, sus artes (buenas y malas), su sabiduría de la vida... Bajo sus consejos y tutela, aprendió a manejar dos espadas mejor de lo que muchos hombres hubieran deseado jamás, y en el arte de la palabrería y el engaño poseía una lengua afilada y letal, capaz de hacerle creer a un hombre cualquier cosa que se propusiera. En muchos aspectos, Indrah era como una hermana gemela de Brisa Gélida pero en muchos otros también diferían abismalmente. Estas diferencias, sobre todo en cuanto a carácter los transformaban en un dúo muy cómico, ella siempre más gruñona y precavida, él siempre más alocado y pendenciero. Eran como una pareja de hermanos, aunque su aprecio del uno por el otro parecía ir a veces más allá del mero cariño filial y no eran nada infrecuentes en ocasiones las peleas llenas de palabras malsonantes y objetos voladores en el camarote del barco, lanzados por una encendida elfita hacia el Capitán cuando decía llegar de alguna de sus juergas con mujeres y alcohol, las cuales exageraba y a veces incluso inventaba sólo para despertar su genio. Era parte de su juego, un juego muy ambiguo que poco dejaba ver de los verdaderos sentimientos que hubiera detrás de este.

Indrah pasó a ser la sombra del Capitán elfo, siendo un dúo inseparable para el que el éxito estaba siempre asegurado complementándose a la perfección. La vida les sonreía, siempre plagada de aventuras y negocios, sin que ningún día fuera igual al anterior.

El día que ella cumplió la mayoría de edad élfica él le regaló unos filos lunares, parecidos a los suyos… y ella nunca supo de donde los había sacado. Aquellas armas son su tesoro más preciado, junto con el pequeño medallón que pende de su pecho, con un retrato de sus dos hermanos. Las llamó simplemente “Luz” y “Sombra”, siendo así las dos caras de la moneda, representando ese virulento carácter suyo tan cambiante.

Sin embargo, un par de años después y a punto de levar anclas de un puerto del sur, algo sucedió. Las voces salían del camarote como si se tratara de una trifulca normal y corriente, pero de pronto la puerta del castillete se abrió y ella salió, ondeando su capa y sujetando las armas a su cinto. Algunos jurarían haber visto lágrimas en sus ojos. Saltó del barco y los marineros miraron intrigados a su Capitán que permanecía impasible en el castillete y al verlos a todos parados gritó malhumorado.

_ Soltad amarras, zarpamos con la marea…

Algunos miraron la figura de la elfa que se alejaba por el muelle sin mirar atrás.

_ Pero Capitán…

Una única mirada los acalló a todos, cuando por unos segundos la habitualmente jovial cara del muchacho se truncó en un mueca dura y dictatorial, capaz de llevarse por delante a quien le llevara la contraria. El barco se silenció y cada uno acudió a su puesto desempeñando su labor. El “Viento del Oeste” partió sin uno de sus miembros, y todos absolutamente todos, notaron su ausencia.
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Indrah Valtaresse
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