Razas y Reinos forjando su destino.
 
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 Rumbos helados...

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lemeldir

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MensajeTema: Rumbos helados...   Jue Ago 11, 2011 10:58 am

Por el día dormía en cualquier lugar, escondido bajo matorrales o en alguna cueva... por la noche se desplazaba. Velozmente, había recorrido una distancia larga hacia Lurendë desde que se marchase... tal vez eso debería haberlo hecho tiempo ha... pero es ahora. Tarde? Tal vez sí, tarde. Pero fue el momento en que sintió que debía hacerlo. El pumonquil hunde sus pies en la nevada tierra... recordando un instante antes de moverse de nuevo.
Se recoloca las pieles que le cubren... tuvo que cazar para abrigarse, incluso con su pelaje sentía frío. El vaho sale por su boca a cada respiración acompasado a cada paso, cada zancada, que da, hacia esas tierras tan distintas de aquellas en las que nació... hielo ante sí, como si fuese un desierto entre montañas... un desierto blanco en el cual el ojo de Harkan busca restos de alguna actividad... pero los elfos blancos fueron asesinados, muchos, aunque no todos.

Bajo los pies de Harkan, una empinada cuesta se presenta, terminando en un camino que une Ardanel con Lurendë. Pasando el sendero se adentraría en las montañas, y por caminos escarpados y rumbos ocultos, podría finalmente llegar al Glaciar, dejando atrás las poblaciones de elfos cada día mas escasos.

Harkan ¦ trató de no mezclarse con los elfos... sentía que lo que les había sucedido era en parte culpa suya, por haber escapado por.... por algo extremadamente importante, si, pero escapado de ahí al fín y al cabo. Mira sus manazas... suficientes para escarpar por esos caminos.

En el sendero se observan las luces de faroles que transporta una pequeña caravana de elfos. Andan despacio, con esa parsimonia y paz que les caracteriza, algunos montados, el resto los siguen a pie. Cubiertos por capas oscuras ninguno parece inclinar la espalda o abrazarse a sí mismo, tiritando de frío. Avanzan, de una ciudad a la otra, con una tristeza mayor que en otros tiempos.

Harkan ¦ observa el cuero... como recordatorio se lo cosió al dorso de la mano, en los guantes... busca en su bolsillo, sacando la piedra que estaba envuelta por el cuero... reflexiona sobre la noche, esa en la que supo que había descansado suficiente. Se queda quieto un instante, observando la caravana moverse... antes de empezar a andar hacia ellos, ya que estos van por el camino que él iba a tomar.

Ninguno parece percatarse de la presencia del inmenso felino y hombre. Avanzan, silenciosos como la muerte que parecen contener y a la vez estar por encima de ella. La piedra que envolvía el cuero se ha tornado negra oscurísima, sin brillos ni reflejos. Cambió sin que Harkan se diera cuenta, pero no parece haber adquirido nada especial, no obstante el solo hecho de haberse modificado probablemente es un buen, o mal indicio.

El frota con su dedo la piedra, como si fuera a quitarle ese negro que la envuelve solo con ese gesto. Frunce el ceño y acerca la piedra a su ojo, observando mejor a ver si hay algo que no vea en esa piedra... dirigía la mano a su arma... pero no lo hace, confiado.

La caravana continúa, de Ardanel a Lurendë, como cada año, en varias ocasiones, los elfos blancos y de otras estirpes, peregrinan hasta el Arbol Dumezil. Harkan no lo sabe, o tal vez haya escuchado cosas al respecto: los elfos peregrinan cada período contado en saros equivalente a caminar cada 223 lunas, algo así como dieciocho años y diez días. Esta caravana es pequeña, pero luego de una curva en el camino que parece bordear la colina que Harkan tiene en frente, muchos otros se nuclean, silenciosamente, en un punto elevado, por escarpados y por cuidados caminos en las laderas, avanzan, con el vago rumor de susurros que el viento dispersa. La piedra no se altera y no muestra nada. Negra, como la noche de los tiempos.

Harkan ¦ finalmente se acerca a la caravana... sostiene aún la piedra, por si algún elfo la reconoce... o reconoce lo que sucede. A lo mejor tendría que deshacerse de eso... suelta un suspiro antes de hablar al primer elfo que encuentra. - Perdone... tiene un momento?
Es una joven la que se gira hacia Harkan, interrumpiendo su cántico casi imperceptible, los demás siguen avanzando y ya los primeros desaparecen a la vista en la curva del sendero. Es una elfa de cabellos blancos y ojos verdes, intensos como una marejada de verano, ella lo ha visto antes, porque es Nendra Elandil, hermana de Mayne, la de cabellos de oro, que cuidaba al niño junto a Harkan, antes de.. lo que pasó.
- Harkan Pies de Puma! Os creíamos muerto!-
- No... no he muerto, como podéis comprobar, Nendra. - esboza lo que sería una sonrisa en su bestial rostro, observando a la elfa. - Me equivoqué al pensar que estaría a salvo en ese lugar... y vengo a enmendar mi fallo.

-( Nendra )- lo escucha absorta por la sorpresa, ve la piedra negra en su manaza felina y frunce el ceño, cerrándola entre los dedos de él con sus dos manos pálidas y suaves, que caben varias veces en la del puma. Mira con recelo hacia su entorno y su rostro sonroja por un temor que no tenia antes, cuando él la conoció. - No descuides eso que llevas, la Diosa lo ha hecho llegar hasta ti. Será tu arma. .... Y no temas Harkan Pies de Puma... - suaviza su voz que ya de por si es como el trinar de aves en el amanecer de los bosques ni sientas culpa. Debías estar o no estar, el final lo responderá todo. Ahora escúchame, adónde vas? a Lurendë?. -
- Creo que sí... espero que ahí mi intuición me guíe de nuevo... no quedará rastro de lo sucedido, temo. - asiente él... como siempre no habla fuerte, pero su tono de voz, distorsionado por esos dientes afilados, es mas alto de lo habitual. Guarda la piedra, asintiendo... y le muestra el trozo de cuero a la elfa. - ¿Sabéis donde esta?
La joven, o anciana tal vez, de hermosura atemporal sin embargo, observa el rústico cuero que Harkan le enseña, y la leyenda marcada en él en palabras élficas. Abre los ojos verdes como estrellas salvajes y lo observa. Una voz masculina la llama, puesto que la caravana sigue avanzando y una brecha se ha producido entre ellos y la joven. - La última Sangre Harkan, es el nombre élfico del que buscas, y.... esto fue escrito por la mano de Celsus, el Alquimista. No se donde encontrarle, pero antes de él debes ir al Graciar, y no por cualquier rumbo, sigue los senderos que parten del árbol cósmico, del eje... luego de la ceremonia. Debe ser ese rumbo, no otro... y tengo que dejarte... la Diosa os guiará, hermano... el final se aproxima, no sientas culpa, ármate de valor. - Le dice con los ojos brillantes de incipientes lágrimas, echando a correr a su sitio antes de que los elfos se alarmen y envíen guardias hasta Harkan.
El asiente... se queda de pie, observndo alejarse a la dama. Niega finalmente, releyendo el cuero él mismo... y pone rumbo hacia lo que ella le ha dicho, la dirección que le ha sido indicada.


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MensajeTema: El Cantar de Luinil   Sáb Ago 13, 2011 1:10 pm

El paseo diurno tornó en noche. Casi sin notarse el cambio, pues la fronda ocultaba con ahínco la luz del sol, paradójicamente, mientras absorbía de él la vida y la luz. Y andar... sobre la tierra húmeda... hundiéndose los pies en ella. Sujetándose de ramas, de troncos, fue un tiempo sin tiempo, como si fuera de esa espesura ni tan lejana, ni tan salvaje, todo lo demás no existiera. Existe, sin embargo. Pero entre ellos las palabras son reemplazadas por la voz de la tierra, de la floresta, de sus animales. En algunas escasas ocasiones, el destello de un sol que parece morir sin cesar, da de lleno sobre algunas flores y su espectro de luz, difuso, entre tenue y poderoso, es como el latido de un corazón de colores y texturas, de perfumes, que en realidad late en todo lo que les rodea.

Son días de gracia. - dijo el elfo, y continuó en silencio aspirando el vaho de la selva, respirando la presencia de la jardinera del mundo, recobrando una luz interior que tenía escondida bajo los escombros de mucha muerte y mucho odio.
Si pudiera, traería a esta tarde el canto de los míos. - Ellos... cada ...dieciocho años y algo más, en una peregrinación que se reitera contándose el tiempo de un modo diferente al de vosotros.. caminan.. hacia un árbol. Uno como tantos de los que vos cultiváis y protegéis.
Todos.. esperan el regreso de una doncella sagrada que despidieron en una época inmemorial.


- Podéis traerlo. - Los labios femeninos se curvaron en una sonrisa plagada de calma, con la serenidad escrita en los ángulos de su cara pese a que la sombra estaba instalada en aquellos ojos azules que oteaban el territorio mientras caminaba, con las manos entrelazadas sobre el vientre y la cesta de mimbre así como los zapatos olvidados debajo de la raíz de uno de los tantos árboles.- ¿O acaso la memoria no guarda las palabras de los cantos y las impresiones con forma de huellas en el espíritu? De ahí nace la sonrisa cuando se piensa en el pasado, pero muchos recuerdos son mas fuertes que otros, y la gente acostumbra a recordar el final que no el principio o el durante. Pero seguro que lo recordáis; el durante, el instante exacto de la peregrinación de vuestra gente y el sonido de sus voces. ¿Por qué cantar sólo delante de un árbol...- Acarició uno al pasar junto a éste, desenlazando las manos y rozando con las yemas la corteza rugosa, murmurando las palabras en lo que contemplaba la vegetación que, lejos del toque humano, crecía salvaje y hermosa; pero todo lo hermoso guarda espinas, dentro o fuera.- ¿cuándo se le puede cantar al tiempo? Los árboles se hablan entre sí, y seguro que algún día, en algún lugar, su canto y el de su gente se unen en su tierra... tal vez tarde siglos... pero todos nosotros estamos en la madre tierra de modo que...- Volteó la cabeza, mirándole, con una sonrisa.-... si podéis; si queréis.

( Manwë )- la escucha, y aunque no la mira pues sus ojos se detienen en los detalles de la corteza ahora, o en la forma afilada de las hojas sobre el suelo después... a veces en el brillo escaso del sol sobre lo que quedaba del rocío... y otras, solamente en los pies de ella sobre la tierra al andar.. rozándole la falda la piel, cual caricia fantasmagórica que convoca a la noche de los espíritus. No se deleita como un hombre en ella, porque Vetrice ha tornado en angel y en música, en remembranzas de mujeres eternas y de sonidos celestiales para el elfo, que con ella ha retornado a su mas profunda naturaleza, olvidado de los años de rigores y distancias, olvidado de su propio olvido de sí mismo, ella representa la esperanza y esa es una fuerza demasiado poderosa como para ignorarla. Pero se deleita. Y tanto que ha debido reprimir lágrimas, escondiendo la mirada gris de los ojos ahumados, porque algo aprendió de la raza humana, y es que los hombres no lloran si pueden evitarlo. Sin pensarlo siquiera ha omitido esa parte frente a ella por un temor desconocido por él mismo aún, a ser rechazado o visto como algo indigno para los ojos, y las manos, y para el alma, y para la voz, de esa mujer, única y potenciada en su unicidad por el sagrado don de la vida
- No puedo traer a vuestro lenguaje las palabras de esos cantos, mujer. Pero puedo hablarte de lo que ellos hablan. Ellos cuentan la vida.. y la desgracia de una hija de una Dama Blanca, ellas, eran las primeras descencientes de la Segunda Generación. Su nombre élfico es Luinil, "Estrella Azul" la llamariáis vosotros. Su madre fue Myrnim, era una de las "Humildes" que se llamaron así porque unieron sus destinos a elfos y a hombres, para dar origen a los que habitan el mundo.- El no canta, pero al relatar la historia su voz se parece a los sones de una lira en un descanso en el camino, o una flauta que suena mientras el pastor camina junto a su rebaño.. y el relato del elfo trae con su tono, las mismas sensaciones de los mundos, y las cosas, y los tiempos que describe.
Hace una pausa y esta vez sí clava los ojos grises en los de Vetrice, aunque su mirada está como perdida en la memoria de un tiempo ido...-Myrnim, "La Joya Blanca", fue esposa de Mardil, "El Sacerdote Fiel" y de su casta proviene el primer linaje sacerdotal, y dice la leyenda que creó a los hombres... con restos de un demonio al que venció con su voz. A las formas oscuras les dio luz, y por eso el hombre, será siempre una mezcla de maldad y beatitud*
... por eso los hombres tienen formas mortales, y se desmigajan como pan viejo al pasar los años, su piel se corrompe y se quiebran sus huesos, pero dentro llevan la Luz de Luinil, y por eso buscarán siempre al Sol, a las Estrellas, la Paz y la Belleza.. y llegarán aunque hechos jirones, a levantar las banderas de la vida eterna-
su voz se detiene unos instantes y toma las manos de Vetrice entre las suyas... tarareando una cancioncilla que recuerda al verano y a un mundo adormilado entre valles y riachos: -"Cuando Luinil baila..." - repite... traduciendo no sin esfuerzo una parte del Cantar de Luinil...." el espíritu se remonta muy lejos, hasta el fondo de los siglos..."Cuando Luinil baila..." - repite... traduciendo no sin esfuerzo una parte del Cantar de Luinil....-" el espíritu se remonta muy lejos, hasta el fondo de los siglos...
mece las manos de Vetrice y hasta amaga darle una vueltecilla, como danzando... y su rostro no sonríe pero refleja alegría.. concentrado repite, como ritualmente, la canción milenaria que nunca olvidará...-“ ..hasta la primera mañana del Mundo, cuando en el cuerpo estaba la grandeza del alma... " y baila y su cadencia entona con el viento y con el mar... mueve sus brazos... y es como el pétalo de una rosa que se expande... y sus pies...- se detiene un instante.. suspirando.. porque entre lo que siempre soñó al imaginar a la doncella azul, ahora se mezcla vigorosamente con la imagen de una mujer encinta de ojos azules y cabello de fuego …-“ y la presión de uno de sus pies sobre el césped es como una hoja que cae acariciando la tierra..." - la hace girar y termina con ambas manos de ella sostenidas sobre la cabellera roja –“… como una flor floreciendo...” y continúa... pero es muy larga y luego se torna muy triste.-

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