Razas y Reinos forjando su destino.
 
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 Noticias de Pharangon

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Joachim Armster

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Fecha de inscripción : 27/05/2007

MensajeTema: Noticias de Pharangon   Jue Sep 15, 2011 5:39 pm

~[Rol realizado el Miercoles Sep 14 2011]~

Pharangon, siempre oscuro y por ahora de nuevo tranquilo. Años habían pasado sin señal alguna de mal alguno, pero el que el mal no de señales no significa que no esté presente. En la ciudad de Dhargen se han seguido sucediendo aquellas desapariciones de viajeros que llegaban en busca de una vida prospera; Comerciantes, familias, patrullas... Todo lo que pasara alrededor de la ciudad de Dhargen Pharangon y por su puesto Ingor. La sensación que rodeaba la ciudad oscura era pesada notable para cualquier criatura. Dentro de sus murallas el sonido de las forjas, el golpear de los martillos contra los yunques en pos de fabricar armas y otros útiles. Por otro lado se escuchaban cánticos procedentes de lo profundo del templo, gracias a los huecos que formaban su estructura exterior las voces de los monjes se deslizaban hacia el exterior extendiéndose por la ciudad infunfendo el miedo entre los ciudadanos. Si, en Pharangon vivía gente, familias, que en contra de su voluntad permanecían allí, a su mayoría no les era rentable el salir en busca de otro hogar, por lo tanto no conocían otra cosa. Por las calles patrullaban los caballeros que en una época vivían en la gloria, hasta que esa gloria les dio el fin y los males de Pharangon profanaron sus tumbas para usarlos en pos de sus servicios como parte del ejército de Pharangon. En lo alto de una de las colinas, bañado por aquella oscuridad que invadía la ciudad, se encontraba el castillo de los anteriores embajadores, lugar que ahora ocupaba aquella maldad reunida en un solo cuerpo. Las puertas estaban custodiadas por dos únicos monjes de túnica negra y mandoble atado a la espalda, su aspecto era mortuorio y de su rostro colgaban trozos de piel señal de la lenta descomposición.

Y en el pasillo que custodiaban los monjes empezaron a originarse espirales de oscuridad que se despegaron lentamente de las paredes y suelos hasta ir hilvanando retorcidas formas que fueron unificándose a una sola sin colores o texturas hasta que el laceo y largo pelo negro no terminó de ubicarse sobre la espalda. Embozada en una capa con la capucha ocultando el rostro no había nada visible excepto las manos pálidas y a los pies de aquella brotó pausadamente la forma chasqueante de un esqueleto cubierto de retales de ropa oscura, el cual doblaba el tamaño de su señora. Nada más hacer acto de presencia la Myrlochar avanzó hacia los monjes y su voz se escuchó, aquella conferida con el susurro de los espectros, como cuando te musitan de lejos y al rato la voz se repite en tu mente como ecos.-Vengo a verle.- No había anunciado su marcha, una vez más, y pese a que había sido creada por las energías que fluctuaban macabramente en ese territorio, no lo asumía como el hogar y a ningún señor como dueño, de modo que al aparecer, de nuevo, lo hizo de imprevisto, deteniéndose a las puertas del lugar.

Los guardianes de aquellas puertas no movieron un ápice de sus pútridos músculos al notar y poder ver el cómo aquellas formas aparecía ante sus ojos, los más lejanos movieron uno o dos ojos (los que les quedaran) para poder observar la situación. No hubo respuesta, pero por encima de uno de los hombros de aquellos impasibles y aparentemente inútiles guardias, pudo apreciarse una fina mano que acariciaba la clavícula del muerto viviente. -Si recibiera una moneda de oro cada vez que escuchase eso sería rica- Una voz melosa aterciopelada provenía de la espalda del guardián, tras aquella mano y antebrazo apareció una pierna por el perfil del mismo guardia y tras la pierna un rostro comenzó a aflorar. Un bello rostro miró a la joven mientras acababa de salir de aquel escondite. -Comprenderéis que antes he de haceros unas preguntas.- La melena rojiza ondeaba como si la brisa la meciera, se contoneó alrededor del guardia pasando la mano por su torso, Vestía un corset muy ceñido que dejaba mas a la vista que a la imaginación.

Tras la escueta respuesta de la voz desapasionada el esqueleto que hacía de vasallo se movió hasta ubicarse detrás de su dueña y señora, permaneciendo impasible justamente como aquella, quien dobló los brazos elevándolos. El tamaño aumentó entonces hasta la apariencia de lo que debería de ser una mujer, pero los brazos se volvieron color ceniza, tomando los pliegues de la caperuza hasta retirarla hacia atrás, mostrando las líneas de un rostro esculpido prácticamente sobre mármol gris, con grandes y profundos ojos rasgados de un obsidiana insondable que no poseían emoción en ellos, tal vez la impermeable tristeza eterna que subyacía en ellos desde los últimos tiempos. Bajó las manos y el siervo, con una secuencia de chasquidos, se desmoronó y los huesos y retales se esfumaron entre chisporroteos.

La mujer continuó caminando pasando la mano por cada guardia -Para empezar ¿quién sois?- Se detuvo frente a uno de los guardias y alzó una de sus manos, las cuales estaban adornadas con tatuajes que llegaban hasta el hombro. Con el dedo índice y pulgar agarró uno de los trozos de carne que colgaban de la mejilla del guardia arrancándolo y tirándolo hacia un lado -Me abstendré de preguntar tus intenciones porque seguramente no querrás decírmelas- Sonrió medio girándose para mirarla.

-Me llaman Myrlochar, Suca Myrlochar.- Anunció con tono quedo, siguiéndola con la mirada por el rabillo del ojo sin mover un solo músculo del delgado cuello en lo que el pelo a veces jugaba a enroscarse solo, laceo y provocado por cada pequeño soplido por ínfimo que fuera en ese tenebroso lugar. -Mis intenciones son comunicar algunos acontecimientos.- Lo cual dejaba un amplio margen y no decía nada pero lo decía todo con ello, sin reservárselo porque, aparentemente le era indiferente. Hacía mucho que no pasaba por allí, no la sorprendía al parecer no ser recordada, ella, a fin de cuentas, era el residuo de un recuerdo perdido en el espacio tiempo.

La mujer se alejó del guardia retomando sus pasos hacia el primero de ellos el mas cercano a la puerta. - Kerrigan...- Respondió presentándose ya que ella había hecho lo propio -Está algo... ocupado, pero creo que podrá dedicaros unos instantes...- Se contoneó en dirección a la puerta las cuales atravesó como si de un fantasma se tratara, tras su paso estas chasquearon y la tierra que cubría las juntas de estas descendió hasta el suelo, la madera rugió quejosa, señal de que hacía tiempo no se abrían. La estancia estaba tan solo iluminada por los candiles que colgaban del techo. La mujer había desaparecido, pero a medida que Suca se adentraba en la sala, podrían llegar hasta sus oídos algunos gritos, los cuales podrían indicarle el camino a la joven. Al fondo de la sala había una escalera que ascendía al piso superior, pero no era de ahí de donde procedía, si no del perfil de la gran sala. Suplicas acompañaban a aquellos gritos, suplicas que no eran escuchadas por nadie.

Los pasos mudos se aventuraron en aquel recorrido con rostro imperturbable, el eco de los aullidos de dolor eran apenas un recordatorio de dónde se encontraba, la fama de ese sitio que podía alimentarla ininterrumpidamente era altamente conocida desde que estalló la "desgracia" para unos, el resurgimiento para otros. Sin embargo, también era un problema, en sitios como aquel era donde mayores probabilidades una luz negra podía extinguirse con facilidad, una entre tantas. La silueta femenina se detuvo con ojos vacíos contemplando la gran sala y desplazó la mirada de refilón hacia la procedencia de los gritos, hacia los cuales se volteó y, mismamente como el resto, prestó atención para guiarse a través de ellos pero en ningún momento le interesó. Los bajos de la capa se enroscaban entorno a las largas piernas y la demacrada tez grisácea se hundía debajo de los oscuros, extraños y rasgados ojos con forma de ojeas. Una vez encontrado el foco, se detuvo en la entrada, desplazando la mirada por el lugar.

Los gritos súplicas eran más claros, pudiendo reconocerse la voz femenina, el sonido de cadenas moviéndose en consecuencia del agitar de aquella víctima. Suca descendería por unas escaleras hasta lo que parecía una mazmorra, completamente vacía de vida, en algunas celdas se encontraban tirados por el suelo huesos polvo grilletes oxidados, otro síntoma de falta de uso. Al final del pasillo el eco de los gritos se hacía más persistente y una sala iluminada con velas de distintos tamaños fue encontrada por la joven. De espaldas a la entrada una figura de no gran envergadura mas bien baja y delgada, estaba ataviada con unos ropajes blanquecinos, Blancos como el pelo que recaía sobre su espalda -Por favor...clemencia...- Entre llantos suplicaba una joven recostada en un camastro incómodo de madera estando atada con grilletes de metal en muñecas y tobillos, el resto estaba libre. Una mano pálida acarició la mejilla que rehuía aquel contacto apartando la mano al lado contrario, la expresión de la joven cambió cuando notó el cómo algo frío arañaba su piel, se agitó negando entre gritos. Era la mano de Joachim la que recorría aquella piel morena y con sus propias uñas arañaba de manera profunda la piel dejando que comenzara a desangrarse -Por que la dejaste pasar...- Una voz lúgubre procedente de aquella figura de espaldas a Suca -Dijo que quería comunicarte algunos acontecimientos- De nuevo la voz de aquella mujer, que apareció adelantándose de entre las sombras mirando a Suca con una encantadora sonrisa.

-Así es...- Alargó las sílabas con la carencia de emotividad en ellas, pese a que la oscuridad de las orbes contemplaban el dolor de aquella mujer como el macabra y usual acto de los entes oscuros para alimentarse, saciando sus instintos primarios, básicos y otros de menesteres menos convencionales, arrugó apenas perceptiblemente la nariz, ya que los aromas de la "humildad" y la "plebe" frecuentemente iban cargados con algo que nada tenía que ver con la maldad. -... y no voy a esperar.- La mujer postrada en la cama era la seña de que no debía tomarse a la ligera aquella reunión, si es que podía llamarse de esa manera, sin embargo quedó claro que iba a lanzar el mensaje y marcharse tan pronto lo hiciera, o bien podría irse con él sin emitirlo. Ya bastante suponía el haberse atrevido a merodear por la zona. Dobló un brazo despacio y hundió los dedos grisáceos de piel tersa, antinaturalmente lisa y fría, captando con éstos algo que extrajo para extenderlo apenas hacia el frente con ademanes siempre pesados. La esfera de oscuridad que había sobre la palma se desmoronó en una cascada de humareda, similar al efecto de meter hielo seco en agua, y desbordó por entre los dedos pasando por encima de la muñeca y derramándose en el suelo. Sólo entonces un bramido aterrador que descargaba un poder sin igual se disparó con el eco en risa de una promesa asesina "Ya casi es la hora.", antes de, simplemente, evaporarse. Sine había estado esperando hasta el momento, pero ahora cogió una de esas tiras de oscuridad y todo se redujo a una especie de culebra negra que se acercó a los labios para engullirla, lamiéndose índice y pulgar con, casi, una expresión de placer. -... Mensaje dado.- La chica recostada miró hacia un lado y otro con la cara humedecida en lágrimas -Por favor... Ayudadme...- Lloriqueaba, si pudiera, estiraría la mano para dramatizar más aun. Joachim medio se giró mirando por encima de su hombro, sus ojos blancos con la única presencia de la pupila. Alzó la mano, la cual pudo apreciarse que portaba uñas largas igualmente blancas como todo él, con un movimiento brusco hizo descender aquella mano hacia el estómago, haciendo que la muchacha se curvara en un grito de dolor. Había clavado aquella mano en ella mientras la mirada continuaba puesta en Suca. Observó aquel despliegue de poder oscuro en lo que revolvía literalmente por dentro de la joven mientras esta se movía cada vez menos y la mesa se manchaba mas y mas de sangre fresca -había restos secos en la madera de anteriores ritos similar a ese- Sacó la mano escuchándose el sonido interior y pringoso de un cuerpo recién desprovisto de vida, Joachim se giró lamiendo sus dedos de aquel vitae con el que se había manchado -Solo me queda ultimar un único detalle...- Alzó aquella mano y la otra mujer se acercó en su natural contoneo hasta donde él estaba alzando ambas manos para agarrar la de él y lamer de forma erótica sus dedos.

El rostro usualmente impertérrito esculpido de textura fría arqueó apenas una ceja en un gesto que pudo haberlo dicho todo, sin hacer más mueca que el bajar la mano y tragar la energía o lo que había quedado de ésta al contemplar la escena. ¿Se la estaba ignorando? Despacio minimizó el tamaño hasta adoptar la forma de la niña de ojos hundidos que miraba desapasionadamente aquel intercambio de atenciones que, vistas desde fuera por alguien con más humanidad, sería espeluznante. - ¿Detalle? ¿No queréis saber de dónde procede esa energía ni lo que os he de decir?- Arrastrando las palabras se movió un poco, pero no hizo amago de marcharse hasta que no se le anunciara, ya que si no desaparecía en la nada no iba a ser bien visto. Una cosa era irse sin decir nada cuando no estaba en presencia de nadie, otra hacerlo ahora, así que aguardó, con la imagen de su cuerpo fluctuando en el espacio donde estaba parada.

Joachim parecía ignorar a Kerrigan en su afán por limpiar con su propia lengua aquella mano que poco tardaría en volver a estar manchada de aquel color. No hubo reacción alguna ante las incógnitas de la muchacha ni ante la repentina disminución de su cuerpo, ya que estaba acostumbrado a los cambios físicos de Kerrigan -Adelante habla- No reveló aquel detalle que le quedaba por pulir -Sin rodeos, tengo asuntos que atender- Y se refería simple y llanamente al alimentarse del cuerpo tras él que no tardaría en estar totalmente muerto, aun mostraba vida pues el pecho de la muchacha se movía lentamente aun manteniendo los ojos cerrados.

-Padre se despierta. Una rama de Pharagon ha sido reclamada por él y está elevando a su gente, puedo sentirlo rugiendo bajo mis pies.- No era de extrañar considerando que era lo que era pese a que nadie supiera exactamente qué, a fin de cuentas era una Araña de Almas, millares de pequeños segmentos perdidos en la nada que habían dado forma a algo que, en resumidas cuentas, seguía siendo cero. Tras la desapasionada y desinteresada línea de palabras descendió los ojos hasta el pecho que se movía trémulamente, por un momento apareciendo el turbio destello de la ironía frívola que suponía el alegato de aquel. Ocupado. ¿Eh? Seguro. Como todos esos chupadores de oscuridad, le encantaría poder drenarlo tendido en un catre sucio, entonces verían lo ocupado que está.-Tal vez los rituales estén surtiendo efecto.- No anunció si eran los que se sucedían allí o los que se sucedían en otra parte.-Dhargen ha perdido a su Reina y el equilibrio se está rompiendo, ahora la ciudad se debilita por el mando de un humano.- Lo cual suponía que ya sabía, pero no se molestó en evitar repetirlo.

Joachim movió los dedos, cosa que Kerrigan interpretó con que dejara de "limpiarle" esta se retiró un poco hacia atrás sin dejar la habitación. El hombre caminó si apartar la pálida mirada de ella -Pues... le prepararemos una alcoba...- Sonrió de lado con cierta ironía. De sobra sabía de la situación de Dhargen y la recordaba bien en los días en los que sus huesos pisaban sus calles, el cómo fue desfigurado por largo tiempo, de hecho si Suca era observadora podría ver algún rastro de manchas oscuras por algunas partes del lado izquierdo del rostro. -Dhargen está destinada a acabar bajo el control de lo oscuro tal y como lo fue Pharangon, estaremos listos antes de que todo cambie, esos mortales me pagaran cara lo que me hicieron...- Caminaba tranquilamente -Y lo que le hicieron a Juste- Kerrigan habló recibiendo una mirada casi asesina, pues aquel era el detalle que le quedaba por pulir, encontrarle.

-Lo que no le granjea puntos en favor del Oscuro que mora aguardando emerger, vuestra...- Hizo una pausa manteniéndose distante emocionalmente de los riesgos que implicaba demasiada información o en su defecto demasiada sinceridad, pero en el fondo no parecía la ignorante que lo decía por decir y aunque no lo era simplemente lo dijo por el placer de hacerlo, recordarle su fracaso era un regusto casi dulce, dulcemente peligroso. -... incompetencia, es altamente conocida.- Nadie se atrevía a anunciarlo abiertamente, aquel tenía demasiadas armas, garras, hombres -esqueletos- y sacerdotes, como para tratar de oponérsele. Ella no se consideraba parte, y así lo demostraba. -Probablemente sino sometéis Dhargen primero... os extinguiréis como un insignificante cuando lo que mora ahí abajo resurja de su encierro. Por cómo se siente... no parece que sea de los que consideran que sus...- Miró de reojo a la mujer que ya estaba en los últimos coletazos de vida.-... Ocupaciones...-Escepticismo notable.-... sean interesantes. Más bien comparándolo a primera vista le pareceréis un niño malcriado jugando a comer y ser el malo... lamiéndose las heridas aquí esperando.- Bien, había dicho más que suficiente, era momento de retirarse. Cabeceó, giró en redondo y se dirigió hacia la salida para pretender abandonar la estancia sin incidentes ahora que había reparado en que su desapasionado y aburrido discurso había sido demasiado expresivo.

Joachim detuvo su paseo y a medida que Suca soltaba aquel discurso los dedos de ambas manos se movían intercalando aquel movimiento con abrir y cerrar las manos. Kerrigan miró a uno y a otro y retrocedió más aun, conocía a Joachim y de su "gran sentido del humor" así que prefirió poner tierra de por medio aun sin desaparecer, pero preparada para hacerlo si se terciaba. La figura de Joachim quedó inmóvil en la sala a la vista de Suca hasta que esta se giró y cuando lo hizo topó con algo frente a ella, Joachim miraba hacia abajo desde su no muy exagerada altura, pero como ella era una niña la diferencia era notable -Puedo enseñarte lo malcriado que estoy...- Tras esas palabras alzó la misma mano que había hurgado en el interior de la joven ya muerta, para de manera inhumanamente rápida moverse hasta el cuello de Suca pero si llegar a tocarlo, aun así ella podría notar la presión de aquella mano sin contacto, la elevó un poco del suelo lo justo para poder ponerla a su propia altura -Pero entonces entraría en tu juego- Abrió la mano para dejarla caer y luego girarse el mismo hacia la puerta -Ya conoces la salida.- Caminó para ascender las escaleras en pos de ir al piso superior.

Ella aguardó allí unos segundos consiguiendo caer sobre sus piernas casi con elegancia, tocándose con una mano el cuello hasta masajearlo apenas y proceder a salir de la estancia escuchando el sonido de los pasos ascender por las escaleras. No pronunció palabra por prudencia mientras accedía al piso superior, pero una vez en éste y ya ante las puertas que daban al pasillo, miró por encima del hombro entre la lisa cortina de guedejas azabaches, clavando los ojos en él. Imponente y aterrador en su forma más malévola, lo que para sí misma suponía hambre, aunque acababa de tomarse un aperitivo la necesidad de devorar lo maligno era siempre acuciante. -No es un juego. Para él sois lo que yo soy para vos... menos que nada. Y estaré complacida cuando le ofrezcáis una alcoba y os tire el edificio entero encima.- Suavizó entonces la boca en la primera de las muy escasas y contadas sonrisas en lo largo de su existencia, pese a que careció del debido tono emotivo, casi era melancólica a falta de algo mejor. Cuando se movió hacia las puertas lo hizo despidiendo tiras de oscuridad que eran el prólogo de su transportación, aunque no lo haría hasta no estar fuera de esa estancia.

El pálido ignoró todo lo que quedó tras él y se encaminó escaleras arriba mientras Suca hacía su salida del castillo, los guardas continuaban en su posición y se asegurarían que se iba de la zona. Joachim subió aquellas escaleras hasta el piso superior como cada día y se introdujo en sus aposentos -¿Porqué te has ido?- Kerrigan estaba tumbada en la cama boca abajo con las piernas flexionadas balanceando estas, apoyaba los codos en el colchón y el mentón sobre ambas manos. Joachim la ignoró y se comenzó a retirar la ropa mientras caminaba hacia el armario, dejando caer las prendas al suelo. Abrió el armario y buscó aquella vestimenta que siempre había llevado puesta como oficial, aquella pechera azul grebas a juego casaca... Comenzando a colocársela de manera pausada -¿Vas a alguna parte?- Era ignorada pero aun así insistía -¿Te acompaño?- Joachim continuaba vistiéndose e incluso arreglándose el pelo -¿Qué vas a hacer?- Fue entonces cuando se giró totalmente vestido y alzó una mano dejando un rastro de neblina negra con aquel movimiento -Conquistar Dhargen...- Dijo dibujando una lenta y pronunciada sonrisa en sus labios, cerrando repentinamente la mano haciendo una pequeña explosión de oscuridad.

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