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 Vajra, El Recolector de Palabras

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Cellgadys



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MensajeTema: Vajra, El Recolector de Palabras   Miér Ene 23, 2013 6:44 pm




Raza: Espectro elemental mágico.

Habilidades: Vajra posee un conocimiento casi enciclopédico del pensamiento humano, filosofía, alquimia tradicional, así como las bases teóricas de miles de técnicas de combate humanas, lo que no implica necesariamente el entrenamiento físico para emplearlas como lo haría un maestro, ya que son saberes adquiridos por cientos de años de conversaciones con los Sin Reposo, no por un adiestramiento militar en toda regla. Asimismo, ha aprendido suficiente táctica militar como para avergonzar a cualquier estratega de oficio, aunque nunca se haya visto en la tesitura de hacer algo útil con ello, simplemente, tiene memoria eidética y sus compañeros de conversación habituales suelen haber tenido literalmente siglos para refinar sus conocimientos antes de transmitírselos.

Facultades sobrenaturales: Vajra no es una criatura material al uso, y en virtud de su naturaleza posee las siguientes facultades:

- Entidad no material: En su forma natural, Vajra es poco más que un espectro parecido a una neblina oscura con tres brillantes ojos rojos como único rasgo distintivo sólo visible por aquellos que de ordinario sean capaces de percibir fantasmas y similares. En esta forma no es consciente de lo material, salvo por el brillo de las auras de los vivos y la chispa atenuada de los moribundos, que es lo que emplea para encontrar un cuerpo anfitrión que reclamar como propio. En forma espiritual no puede interactuar de ninguna manera con el mundo físico (ni, a la inversa, nada físico puede alcanzarlo), navega casi a ciegas, como un pez abisal, buscando el siguiente cuerpo que poseer para escapar de la pesadilla que le supone esta desconexión con el mundo de los sentidos. Se rumorea que existen ciertos ritos nigrománticos que podrían encerrarle en un recipiente material, como una vasija o una estatua consagradas mientras está en esta forma.

- Posesión: Cuando un ser humano se halla al borde de la muerte, o por cualquier razón carece de la más mínima voluntad de aferrarse a la vida, Vajra puede poseerlo, tomando el control de su cuerpo como si fuera el suyo, restaurando sus heridas y enfermedades si fuera el caso, lo que tiende a dejarle en estado de coma durante un día entero, por el desgaste que supone y absorbiendo las memorias del sujeto hasta cierto punto, lo justo para poder suplantarle ante quien no lo conociera mucho, pero sin copiar las respuestas emocionales del anfitrión, dado que estas se van con el resto de su alma, a cualquiera que sea el sitio donde las almas vayan. Sólo poseyendo un cuerpo puede Vajra interactuar con el mundo, de modo que, a pesar de que su existencia personal no peligra en absoluto con la muerte del anfitrión, tiende a cuidarse muy mucho de poner el cuerpo en peligro, no sólo por el tremendo sufrimiento que le supone verse privado de corporeidad, sino por el innato respeto que siente la criatura hacia el anfitrión (ha absorbido sus memorias, así que le es imposible no empatizar con el sujeto). Vajra tiene las mismas limitaciones físicas que el cuerpo poseído (si posee a un niño no será capaz de levantar un hacha de guerra y si se viera obligado a poseer a un animal, carecería de habla y de manos prensiles, aunque siempre podría escribir con las zarpas o pezuñas en el suelo, claro está) con pocas excepciones; por ejemplo, puede controlar a voluntad las reacciones reflejas del anfitrión, provocar descargas de adrenalina para darle más rapidez o fuerza (no más que las que tendría esa misma persona en estado de estrés) e ignorar el dolor con sólo desearlo, pero las heridas seguirán poniendo en peligro la vida del anfitrión como es normal, y el exceso de adrenalina tendrá los efectos normales en su salud. La restauración acelerada de heridas y enfermedades, por otra parte, suele ser demasiado estresante para el cuerpo y costosa para el espectro que lo habita, de modo que Vajra sólo la usa para hacer “habitable” el cuerpo que va a poseer, prefiriendo no posponer la muerte del sujeto si este recibe demasiados daños (igualmente, el anfitrión podría morir de agotamiento si intentara forzar la curación).

- Espíritu sobre materia: Vajra puede, de ser estrictamente necesario, imponer su voluntad de forma temporal a la carne del anfitrión, manifestando alteraciones en la fisonomía del sujeto que le sean útiles en una situación determinada, al coste de la salud del recipiente. Puede, por ejemplo, hacer que éste desarrolle garras para trepar o defenderse (lo que dejará el cuerpo con síntomas de artritis en los dedos cuando la metamorfosis expire), o hacer que le crezcan alas de murciélago (lo que podría dejarle la columna paralizada por días, o los brazos, cuando pusiera fin a su efecto). Cuanto mayores sean los cambios, más doloroso será para el anfitrión y más se acortará su vida útil, así, por ejemplo, desarrollar una piel de escamas duras como el acero puede hacerle ignorar los golpes de una espada, pero el anfitrión morirá seguramente de un shock sistémico pocos minutos después… Las metamorfosis no suelen durar más allá de dos o tres minutos, para prevenir daños permanentes al anfitrión (o su muerte).

- Vampiro psíquico: Vajra se alimenta de las emociones humanas, las cuáles no sólo le proporcionan el placer de experimentarlas de forma indirecta, sino que son su sustento, la energía con la que se nutre. Para alimentarse de alguien sólo necesita que el objetivo sienta una emoción intensa (frustración, melancolía, fuerte dolor o placer, amor, lealtad…) y establecer contacto físico. Los objetivos de su alimentación simplemente se sienten más serenos, conforme la intensidad de lo que estuviesen sintiendo se atenúa, sin sufrir más mal que el de no poder experimentar dicha emoción durante algunas horas, lo cuál es trágico con el amor, pero dichoso con el odio, ya que el individuo tendrá una oportunidad de meditar racionalmente sobre los motivos de su enemistad.

- Necromante: Su vínculo innato con los campos mágicos de la luna nueva (de los cuales se cuenta que fue creado) hace que para Vajra resulte natural el poder oír los monólogos de los muertos (a los que llama los Sin Reposo). Las almas de los muertos, una vez pierden sus lazos con el cuerpo y van al destino que los Dioses les deparen, dejan tras de sí un residuo psíquico “adherido” a los restos de lo que fueron sus cuerpos. Estos restos conservan las memorias y gran parte de la identidad terrenal del individuo, aunque no todas sus emociones y son completamente incapaces de percibir el entorno ni a sus semejantes Sin Reposo (algunos ni siquiera se han dado cuenta de que han muerto, creyendo que han sido encerrados en algún tipo de prisión dantesca que les priva de sus sentidos), por lo que suelen hablar y hablar sin cesar, ya que su propia voz es lo único que perciben… Por fortuna para ellos, Varja puede hacer llegar su voz a los Sin Reposo, pudiendo así, no sólo ofrecerles compañía y comprensión, sino ayudarles a realizar aquellas tareas que les atormentan (no es extraño que un Sin Reposo se obsesione con cosas, desde terminar de oír una leyenda o cuento, a concluir el libro que estaba escribiendo o vengarse de su asesino… total, lo único que les quedan son sus manías para hacerles compañía) y de ese modo aligerar su carga personal. Como los Sin Reposo están atados a sus restos mortales, no suelen “vivir” más tiempo que lo que tarden en convertirse en parte del suelo (o al menos, no de un modo en el que Vajra pueda seguir percibiéndoles, a dónde van luego, eso nadie lo sabe..), pero en ese tiempo muchos pueden llegar a hacerse muy sabios, y Vajra está más que satisfecho con leerle los textos de referencia que un sabio pudiera necesitar para completar su obra magna, o atender a las esotéricas teorías de un filósofo que ha encontrado en cien años de no-vida las respuestas que su vida terrenal le negó. Con los ritos adecuados, Vajra podría hacer que uno de los Sin Reposo se manifestara de una forma visible (e idealizada) y audible para los mortales, para así permitirles dar un último adiós a sus seres queridos, o para asustar a un ladrón de tumbas. Del mismo modo, con algo de esfuerzo, podría obligar a un Sin Reposo a animar sus restos, alzándolo como un zombie o un esqueleto, pero este tipo de magia resulta muy doloroso para los sujetos, que experimentan el mundo con un cuerpo en estado de descomposición y llenos de una agonía indescriptible, además de perder su libre voluntad a favor del necromante, por ello Vajra evita a toda costa emplear ese tipo de rituales, porque al fin y al cabo, los Sin Reposo son sus mejores amigos, y no se arriesgará a que uno de ellos le deje de hablar por puro rencor (por todos es sabido, los Sin Reposo son unos rencorosos de cuidado).

- Kábala Negra: Este esotérico Arte, en parte un don natural derivado de la naturaleza espiritual de Vajra, en parte teurgia metafísica experimental desarrollado a través de siglos de estudio (y de complejas conversaciones con difuntos expertos en la materia) se basa en el contacto e invocación mediante rituales muy formalizados de las extrañas criaturas inmateriales que “nadan” en las corrientes mágicas que permean la tierra en las noches sin luna. Estas criaturas, seres mágicos y, en ocasiones, esperpénticos, se dice que fueron forjados por los nexos de las corrientes mágicas de la luna negra, y recibieron su forma de las pesadillas de vivos y muertos. Para contactar con estos seres (la mayoría de los cuales posee el intelecto de una lombriz y los instintos de un pez depredador) Vajra precisa de complejos rituales que incluyen el empleo de diversos tipos de incienso, velas, el trazado de extraños símbolos en el suelo con cera o sangre del anfitrión y realizarlos en una noche sin luna (los ritos realizados en noches de eclipse lunar son extremadamente poderosos), a ser posible en un lugar donde los elementos naturales favorezcan la conjunción o nexo de los campos mágicos, como un cruce de caminos, el centro exacto de una habitación o templo o similar. Con algo de tiempo, puede habilitar una zona para ese fin, creando líneas con sal gema que confluyan en la zona del ritual para redirigir las fuerzas mágicas. Tras minutos, u horas, para los ritos más poderosos, de concentración y cánticos (marcando el tiempo de forma ritual, ya sea haciendo muescas en un hueso especialmente consagrado al final de cada verso o marcando las velas con anillos para que, al consumirse, designen el fin de cada fase del rito) un ser espectral toma forma física en el centro del círculo de invocación, momento en el cuál Vajra debe asignarle una misión (algo no muy complejo, por aquello del bajo cociente intelectual, como “bloquea esa puerta” o “acabad con ese pelotón de soldados”), que será cumplida por la entidad durante el tiempo que le dure su existencia física, que no suele ser más de unos pocos minutos, llegando a la hora en caso de las invocaciones realizadas en un eclipse (el estado natural de estos seres es etéreo, tener una forma física consume todo el poder del ritual, por eso no duran mucho en el mundo mortal… lo que explica que sean tan poco conocidos, si es que alguien vivo ha oído hablar de ellos). Las criaturas cabalísticas suelen tener un aspecto horrible para los cánones humanos (y a veces, incluso para Vajra) y al no ser del todo materiales, las armas mortales simplemente las atraviesan sin infligirles daño, aunque la magia adecuada podría desmaterializarlas. Sus habilidades pueden ir desde lo esotérico (fusionarse con una puerta haciéndola irrompible e infranqueable por nada que no sea una magia muy poderosa durante el tiempo que estén en el mundo material), hasta lo brutalmente físico (un banco de “peces” dantescos que pueden devorar o desmembrar un pelotón entero de soldados en pocos instantes) pero en todo caso, suelen ser tan útiles como buena sea la conjunción bajo la que fueron llamados y tan poco longevos como útiles (la puerta sería infranqueable durante una media hora, los “peces” carnívoros se desvanecerían en uno o dos minutos, lo que no los hace muy prácticos si el enemigo está muy lejos o es muy numeroso). En todo caso, esta extraña forma de hechicería siempre toma como poco entre diez minutos y dos horas de ritual para ser ejecutada. Vajra ha estudiado la posibilidad de que ciertas personas orientadas de forma natural hacia los campos mágicos de las noches sin luna quizás pudieran aprender y practicar este Arte, y ciertamente, le encantaría ver qué tipo de cambios sufrirían los rituales místicos de la Kábala Negra al ser ejecutados por un mortal. Lamentablemente, de momento no ha encontrado el método para descifrar si un mortal tiene sintonía con este tipo de fuerzas y los mortales a los que enseñó su Arte sólo consiguieron sufrir agónicas pesadillas que les privaron de sueño durante días tras ejecutar un ritual, con al menos una muerte por agotamiento entre sus aprendices, así que se guarda mucho sus enseñanzas hasta haber encontrado a la persona adecuada.


Trasfondo:
No, lo lamento, no soy ninguno de tus dioses, la parte de ti que quizás rinda cuentas con ellos probablemente ya lo esté haciendo… ¿Que a qué me refiero? Bueno, un gran amigo mío postuló que todos los seres poseen tres yoes; el Yo Inmortal, que forma lo más elevado de un ser, que es la parte que vuela tras la muerte del cuerpo terrenal en pos de cualquiera que sea el destino que aguarda tras el deceso, el Yo Terrenal, que guarda las memorias y la identidad, que es la parte de ti con la que ahora hablo, y el Yo Animal, que posee los instintos necesarios para mantener la vida del cuerpo, como el hambre, el deseo y similares… eso es lo que ha muerto con tu cuerpo físico ¿complicado? No creas, es la más simple de las teorías que conozco, mañana si te apetece hablaremos sobre el Cuerpo Sutil, el Cuerpo Etérico y el Animus, quizás tengas buenas ideas que aportar al respecto. Bueno, ahora que te ha quedado claro quién eres tú, responderé a tu primera cuestión. No puedo dar más información sobre mi génesis de la que tú podrías darme de tu nacimiento, pero tengo muchas canciones en mi memoria que pueden aportarte algo de luz y reflexión. Cuentan que la magia fluye como el agua en estas tierras, pero como el agua, adopta el color de la materia que arrastra consigo, así la magia se vuelve cálida al cruzar una hoguera, se vuelve fresca y voluble al atravesar el agua de un río y tosca y grumosa cuando cruza un pedregal. La luna colorea también la magia, aportándole parte de su propia esencia, dando a luz a fuegos fatuos y a sueños enloquecidos que viajan de alma en alma aportando poesía y locura a partes iguales a las vidas de los mortales. Cuando la luna oculta su rostro, cambia también el color de la magia que envuelve estas tierras, se vuelve lenta, oscura, reflejando los miedos ancestrales hacia lo oculto y lo misterioso. Dicen las mujeres sabias y los eruditos que cuando una cierta cantidad de energía se condensa, da lugar al nacimiento de posibilidades diferentes… yo y los míos somos una de esas posibilidades, las únicas con consciencia de sí mismos… las otras… no te gustarían, no están hechas para ojos de mortales, ni siquiera tras vuestra muerte física, pero ya te hablaré de ellas en otro momento. Sí, he hablado de los míos, aunque no son tan míos como lo fueron otros seres humanos para ti, somos muy diferentes entre nosotros. Sólo he conocido a cinco de mi… err… especie en los milenios que llevo en el mundo, todos son fascinantes y compartí con ellos mucha sabiduría y muchas alocadas cábalas sobre el ser de las cosas, e incluso a veces nos hemos apareado, para comprobar si lo que somos se puede transmitir aunque sea a través de este vehículo mortal que adoptamos como cuerpo. Lamentablemente, nuestra descendencia fue mortal, con alguna chispa de genio aquí y allí, pero no diferente de la descendencia ordinaria de los cuerpos que nos vestimos. Sí, he sido padre y madre miles de veces, a veces por compasión con el cuerpo que me daba cobijo, a veces por curiosidad, a veces por encontrar a alguien capaz de mantener mi interés durante un tiempo prolongado. He viajado por muchos reinos, siempre buscando nuevas cosas que aprender, nuevas vidas que vivir y nuevas sensaciones que aporten color a una existencia siempre tan cambiante como la mía. Soy simplemente la voz que te hará compañía cuando el sólo oír tu propia voz no te baste en esta nueva faceta de tu existencia, soy quien puede ayudarte a comunicar tus pensamientos al mundo que yace más allá de tus restos mortales, soy tu mensajero, tu confidente, tu aprendiz y maestro, así que, querida, deja de darle vueltas a ese feo asunto sobre tu esposo mortal, no te hará ningún bien y podría resultarme aburrido, así que, por favor… intenta tener mañana algún razonamiento interesante que compartir conmigo, no querrás aburrir a la única persona que podrá escucharte en toda la eternidad, ¿verdad?
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