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 Muerte y Resurrección

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Cellgadys



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Fecha de inscripción : 30/06/2007

MensajeTema: Muerte y Resurrección   Lun Feb 04, 2013 6:29 am

La huída del barco fue casi tan terrible y vergonzosa como las circunstancias que les empujaron a arrojarse al agua. Vajra se deja llevar por Ignea, indefenso como está tanto por las contusiones recibidas como por las autoinfligidas. Recibe el aire que ella le insufla directamente de sus labios a los de él, merced a dones que, a niveles prácticos, Vajra no termina de comprender. La mente empieza entonces a trabajar a toda máquina, intentando comprender qué ha fallado ¿fue la lengua viperina del capitán Gabriel? No, sus trucos eran tan evidentes que no hacía falta tener tres milenios para vérselos venir ¿fue la insensata impetuosidad de la dragona? No, ella es responsable de cómo elige vivir, y si disfruta engañándose a sí misma viviendo la vida de un simple mortal en lugar de surcar los cielos como es su derecho de nacimiento, no va a ser él quien se lo discuta… posiblemente en eso sean demasiado parecidos. La culpa es suya, y solo suya, o más concretamente, del cuerpo que habita. Ya desde el principio empezó a darle problemas la molesta tendencia a hablar más de la cuenta, a no preservar los secretos, a mostrarse con tanta petulancia ante la gente que no tenía culpa de no ser tan sabio como él. Vajra se enfurece, consciente de que incluso la crítica que hace de sí mismo está teñida por el mismo tipo de impetuosidad que le llevó a hacer ese absurdo alarde de poder que casi le cuesta la vida a Ignea. A veces pasaba, no muy a menudo, pero quizás uno de cada mil cuerpos poseía una intensidad emocional perturbadora que acababa expulsando de una patada a Vajra del trono de la Razón que había erigido para sí mismo en el interior de su mente alienígena. Sopesa sus opciones en el tiempo que su amiga y amante tarda en llevarle hacia la superficie… Mal, muy mal, piensa, los únicos hechos que considera racionalmente suyos son dos; el primero, que no desea separarse de Ignea mientras pueda, al fin y al cabo, no todos los días se encuentra una persona fascinante que dure más de cuatro décadas; el segundo, que, dado lo incontrolable que es su cuerpo actual, no tardará mucho en volver a meterla en problemas. Una cosa es ser un bocazas orgulloso y territorial, puede que le maten por ello más adelante, pero siempre podría volver a encarnarse… pero ser un bocazas temperamental mientras intenta seguirle el ritmo a una bocazas temperamental como Ignea… Ella sólo tiene una vida que vivir, y por lo que sabe, la existencia post-mórtem de los dragones puede no ser tan sencilla como la de humanos y elfos. Toma aire de forma desesperada cuando su amante, trasmutada por obra de quién sabe qué milagro dragonil en una suerte de sirena, le deja solo en el agua, cerca de la orilla… no la culpa, ella también ha sufrido… y posiblemente tenga sus propios motivos para no desear hablar en este momento. Bien... los mortales tienen sus encrucijadas, se ven atrapados en sus crisis de fe, se adaptan y luego siguen adelante con sus vidas. Las criaturas como Vajra no son tan afortunadas, es el precio a pagar por convivir con un paisaje emocional “prestado” originado en un cuerpo cuya voluntad y capacidad de adaptación psíquica se fueron para siempre. Claro que si no se hubieran ido, Vajra no habría podido encarnarse en ese cuerpo, pero ese razonamiento no conduce a ninguna parte. Hay sólo un cambio posible, la huída hacia delante, el volver a morir para darle una oportunidad a una encarnación que no suponga un riesgo constante ni para Ignea, ni para los planes a largo plazo de Vajra. Sopesa esta posibilidad… es extrema, brutal, dolorosa, como poco para su amante, aunque sea a corto plazo, pero las enfervorecidas emociones de humillación, culpabilidad autodesprecio y vergüenza inundan su raciocinio, usualmente inmaculado, impidiéndole ver más opciones. Sea lo que sea, ha ido empeorando desde que se despertó en aquel bosque y conoció a la dulce Marlene, la cambiante. En aquel entonces era racional, podía disfrutar de la sencilla belleza de la joven sin que su ego le empujara a dominarla y poseerla. Sí, luego la cosa cambió, a medida que se dejaba llevar por la comodidad con su nuevo anfitrión, le abrió las puertas al resto de las marchitas emociones que restaban en su corazón humano. Primero empezó a hablar de más, como si ansiara hacerse notar, luego fue el orgullo desmedido, que exaltó al noble Beric y escandalizó a la poderosa heredera Annatar. Luego vinieron los celos y la ira. Y ahora la culpabilidad y el autodesprecio. Tiene que adaptarse, tiene que superar esta etapa de su vida, y tiene que hacerlo de la única manera que su extraña especie puede hacerlo. Vajra se muerde el labio inferior, le duele todo el cuerpo, aunque el frescor y el yodo del agua anestesian hasta cierto punto sus sentidos, en tanto contrarresta el dolor con su concentración:
-bien... os pido disculpas.. Aarón... he abusado mucho de vuestro cuerpo.. y esta será mi última profanación..- le susurra suavemente al cuerpo que le ha dado cobijo los últimos meses mientras posa los pies en el suelo marino y alza su brazo bueno. La carne de los dedos se retrae, dejando al descubierto las falanges, el hueso se fusiona, convirtiendo los dedos en un manojo de cuchillas óseas afiladas:
- os doy las gracias.. por todo lo que hemos pasado.. juntos... teníais mucho potencial... si tan sólo hubiérais dejado la bebida a tiempo... habríais encontrado la felicidad con Marlan... – lo ha hecho otras veces, pero para él, sigue siendo duro, pues es un acto que combina el asesinato con el suicidio. Pasea el filo de las cuchillas por su cuello, por el largo de la yugular, pues el tamaño de estas no las hace lo suficientemente precisas para la carótida:
- gracias... por la brisa.. el aroma de Ignea... por el sabor de los filetes... - cierra los ojos mientras la sangre venosa va tiñendo el agua de rojo oscuro y se abandona al mar, flotando mientras mira las estrellas:
- gracias por la voz... podríais haber sido un buen bardo... gracias por las manos... bonitas y fiables.. gracias sobre todo por el sexo... - entrecierra los ojos, mientras disfruta del adormecimiento y el bamboleo de las olas. Antes de que la vida se termine de escapar del cuerpo de su anfitrión, sus labios silabean una última plegaria hacia su actual encarnación: - Gracias…

En las fronteras del reino, huyendo de la guerra que parece devastarlo todo, una mujer se derrumba en el camino a la ciudad dorada de Dhargen:
- Sólo un poco más... escaparemos... hijo mío... las sacerdotisas cuidarán de ti… - musita, debilitada por la fatiga y por la herida que un elfo corrupto hizo en su espalda, además de por la vida que lucha en su interior para sobrevivir. La mujer se apoya en un árbol, como ha hecho ya tres veces en el pasado, como le enseñó su madre, para que el poder de la Diosa fluya desde la tierra hacia ella y le permita dar a luz sin percances:
- ¡oh, Diosa! - grita, mientras el dolor se abre paso por todo su debilitado cuerpo... esta vez parece diferente, no quiere verlo, porque es demasiado horrible, pero algo en su interior se rompió en su última caída... algo irreparable:
- ¡por favor, Diosa! -llora la mujer, aferrándose al árbol con casi tanta fuerza como a su fe. La sangre brota, en un sacrificio tan viejo como el mundo, pero la vida no acompaña a la sangre... La mujer cae de rodillas, intentando salvar de cualquier modo a la pequeña criatura que surgió de ella... lo acuna, le reza, le canta con voz llorosa las viejas canciones que su madre y su abuela le cantaron a ella... pero la Diosa no escucha.. y ella lo sabe tan bien como sabe que la vida también se escapa de entre sus dedos.... la sangre no deja de manar de su vientre y la herida de su espalda no mejora su situación. Se acuclilla junto al árbol, con el fallido fruto de su vientre en las manos, empapando de la sangre de la vida los harapos que otrora fueran un hermoso vestido verde. Alza la vista hacia el cielo mientras algo se libera en ella... el dolor desaparece... la paz la inunda cuando todo el dolor de su cuerpo se extingue junto a su conciencia. Abre los ojos por última vez, derrama una última lágrima y sus miembros se relajan.
Algo ocurre, algo más antiguo que los árboles del bosque se adentra en ella. Su cuerpo se tensa, desde los dedos de las manos hasta los de los pies mientras sus párpados aletean frenéticos. Las heridas se cierran como por arte de magia, dejando piel limpia tras de sí y tras unos instantes, mientras todo su cuerpo parece sufrir una especie de ataque epiléptico, su cuerpo se relaja y sus pulmones se inundan con aire nuevo. La mujer abre los ojos, pero lo que ella fue ya no se halla en esas pupilas marrones:
- Gracias ... - es la primera palabra que brota de sus labios secos. La segunda palabra es una disculpa ante lo que tiene en el regazo, musitada en el lenguaje de los sentimientos, no en el de las palabras usadas nunca por mortal alguno. Prepara sin dilación una pequeña ceremonia de despedida para lo que, de algún modo, siente parte de su ser, luego mira al horizonte, a la lejana Dhargen, donde tantas cosas pueden ocurrir y han ocurrido. Es dolorosamente consciente de quién es su encarnación actual; una víctima de la guerra que el Regente se esmera en ignorar… Ahora recuerda sus planes para la actual guerra, pues el pasado de su encarnación ya no le permite considerar la futura lucha contra la oscuridad que se acerca como un ejercicio de lógica ni un experimento:
- Esto ya es personal - masculla para sí. Hace el gesto instintivo de ajustarse la correa de una faltriquera inexistente y un bufido de frustración sale de sus labios al recordar que se la dejó en el camarote del capitán Gabriel cuando se arrojó de cabeza para salvar a su amante. Explora sus recuerdos bajo el filtro de sus nuevas emociones.. todo parece tan… estúpido e insignificante… incluso el suicidio/asesinato de su anterior encarnación es visto como una decisión pasional e irreflexiva, impropia, innecesaria… Toma aire y empieza a caminar, no sin echar un último vistazo a la improvisada tumba:
- Adiós - susurra con la voz rota por la emoción de su nuevo yo físico, mientras emprende su segundo viaje en este siglo hacia Dhargen, el primero de ellos que hace con el camino borroso por las lágrimas.
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