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 Valandil y Elwing Annatar

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lemeldir

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MensajeTema: Valandil y Elwing Annatar   Miér Mayo 23, 2007 12:14 pm

Líderes de la Casta Sacerdotal de Dhargen Oriental.
Padres de Ammrod y Emeldir.



Madre?... ocurre algo?... y sus manos se posan sobre los hombros que tiemblan, apoyados sobre la gruesa tabla de una mesa oscura, en una sala oscura donde los sonidos de la cena, los preparativos de la comida y las risas, se callaron horas atrás. Madre.. mamá?.. El volverá, lo sabes..

Mas solo son lamentos silenciosos los que le responden, y el temblor de los brazos, y la cabeza que se resiste a la llegada de las canas, el cabello negro, lacio y sedoso, cayendo en ondas sobre su rostro oculto.. que de repente se eleva y busca los ojos de la hija.. Y las lágrimas que no ocultan el enrojecimiento de su tez morena, surcada por el llanto, por el dolor. Y los ojos negros que se centran en los verdes de la hija.. saben algo, han visto algo, sienten algo que los llena de congoja, que hace que el rostro siempre sereno de la madre, ahora se tuerza en el gesto del lamento, de un lamento profundo como los abismos, terrible como un volcán, hiriente, doliente mirada de quien sabe que lo peor, está por llegar.

Que sucede, mamá.... los ojos verdes se humedecen al contacto con la mirada mortal, terrible.. agónica.. el ceño se frunce y los dedos se cierran sobre el hombro de quien ha sido su cuna, su sangre, su origen, su verdad.. de quien parece por algun motivo, decir adios. No no es posible, no puede ser. Me asustas.. mamá...

... la voz se quiebra mientras los brazos de la madre se aferran a su cintura, y el llanto silencioso deja de serlo y se torna, gemido, lamento... Ahhhhhh!.... por que?!!!!... entre los pliegues del ropaje de la hija, aferrados los dedos que no dejan llegar la edad a su piel, al vestido de la sangre de su sangre, agitada la respiracion mas el corazón que parece detenerse.

Que es mamá?.... qué pasa? dime por favor... que sucede?...
Jamás la había visto llorar. Cómo puede reaccionar una niña, ante la imagen doliente, agonica del dolor de su madre, como reacciona quien nada sabe del dolor, porque su progenitora jamás ha dejado de ser su fuerza?.. Y los ojos se llenan de lágrimas, sin comprender, sin entender.

Y Elwing Annatar siente sus labios temblar, sus piernas doblarse al intentar erguirse de esa silla, más lo logra, y mirando a su niña.. le sonríe... sonríe con la tristeza de centurias, con la tristeza de un corazón destruido por la verdad.. sonrie con la fuerza que solo una madre puede tener, al preservar la calma de su estirpe, de su herencia, antes que sucumbir a la emocion.. debes ser fuerte, Emeldir.. cuando tu padre regrese... cuando tu padre regrese... y su voz quiere quebrarse, y el temblor y el llanto volver a apoderarse completamente de ella... pero sonríe otra vez, y la alegría de quién sabe que no puede ir más allá de su destino, supera la angustia de la desesperanza, supera la terrible sensación de rendirse, de dejar de luchar, de dejar de vivir, antes de tiempo.. las cosas cambiarán.

No entiendo.. madre.. por que me hablas de esa forma?... Que cambiará, madre, que has visto?... que viste mamá?...
y sus lágrimas caen, porque es sacerdotisa tambien, porque no necesita ser adulta, ni muy sabia, ni una hechicera completa, ni una diosa, para intuir que el misterio de las palabras, encierra un dolor terrible, una verdad que el tono de voz de su madre, inaugura desde ya, como una verdad poderosa, y fatal.

Y la madre suspira, agónicamente, como si ese suspirar fuera la clausura del último esfuerzo, con las ultimas fuerzas para abrazar a su hija.. Emeldir, mi valiente Emeldir.. y se aferra a la carne de su carne, a la sangre de su sangre, al cuerpo que ha visto crecer, que ha cobijado, al que ha dado vida, y esencia. oO Te amo, hija mía, no te rindas... nunca. oOo


La batalla de los bosques de Hidralia fue sangrienta, terrible... los seres oscuros de Parhangon no tenian nombre, pues nadie jamás sobre esta tierra los había visto antes. Producto de las artes oscuras de un poderoso señor, se avalanzaron sin piedad sobre el mundo verde y húmedo de Inglor.. sobre sus poblados, ocultos entre el ramaje, sobre su tierra roja, más roja ahora. Bañaron de sangre y destrucción cada recodo de su camino, cada roca, cada sendero. Hasta que la Diosa se interpuso con un brazo armado de sacerdotes guerreros.. de hombres de tunicas negras y espadas blancas.. de ancianos, no tan ancianos, jóvenes y no tan jóvenes que luchan cantando y luchan orando. Las fuerzas de Valandil, insuperables en valor, lo fueron en número, y las tardes, noches, días en que la lucha duraba...
marcaban un destino terrible para el bien.
La Diosa entonces empezó a llorar.

Y la lluvia, se hizo tormenta, y la tormenta trajo rayos, y los rayos arrasaron con las tropas de Pharangon, sembrando de esqueletos humeantes todo el bosque, derrumbando árboles, incendiando aldeas, las aguas de los manantiales hervían sin cesar, los animales huyeron y los mismos hombres de Dhargen, que veían en el estallido de la naturaleza, el giro rotundo de su suerte, dudaban y se estremecian de temor.

Los ojos de Valandil estaban tan en llamas como todo el entorno que rodeaba a ambos bandos, las cascadas inmensas de Ingualzur no podían opacar con el estruendo de la caida de sus aguas, el latir del corazon del Hechicero, la respiracion agitada y las manos temblando, sudorosas, extasiadas, el cuerpo irradiando energía mágica y el suelo alrededor de sus pies, ennegrecido y caliente. La mirada, casi orgásmica, placer, locura, éxtasis. Y una mueca de sus labios que parece una sonrisa. La batalla ha sido ganada, pero a qué costo?... Quizás se ha pagado un precio altísimo, y quizás el lo ha pagado hace tiempo ya, y no solo a cambio de una tormenta de rayos, y un sembradío de cadáveres incinerados, sino por mucho, mucho más poder, mucho más extasis y mucho, mucho más placer. El caudal de su sangre estalla de gozo, y su corazón se ennegrece, como el suelo bajo sus pies.

No espera la gratitud de Inglor, ni de sus gentes ni de sus reyes, no espera las voces de sus soldados y sacerdotes, no espera la mano en el hombro de su lugarteniente, de su amigo.. no espera nada, solo gira sobre sí mismo y monta a su caballo, perdiendose entre las sombras.

No espera nada porque quizás está confiado,
de que ya lo tiene todo.

No caerá una hoja de un arbol por obra de tus manos, ni correrá una gota de la sangre de uno de mis animales, por obra de tus manos, ni se rasgará un centímetro del suelo que es mi cuerpo, por obra de tus manos, ni se borrará de este mundo, la vida de un hermano, que es tu sangre, como la mía, por obra de tus manos, sin que me pidas permiso, y sin que me pidas perdón...

Y solo así bendeciré tus obras, y solo así tu corazón tendrá paz y dormirás en las noches.
Porque has obrado con estricta justicia y has hecho solo el daño necesario para que la vida continúe.. pero si me olvidas, si tu piedad se pierde en el abismo de tu soberbia.. recuerda que la nada no existe, y que el eco de tu alma, repercute en mi alma, y que yo, nunca, jamás, lo olvidaré.


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